Mi nombre es mi Marca

“Uno, cuando conoce el nombre de otro, parece que lo conociera más”.

El sueño del celta, Mario Vargas Llosa

| 28 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 789 Lecturas
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Los Hombres necesitamos ser reconocidos, aceptados, tener presencia, existir para los demás, por eso es importante que cuando se dirijan a nosotros nos llamen por nuestro nombre. El nombre es un bien preciado para todos y una de nuestras herencias más valiosas. Nos gusta escucharlo una y otra vez porque nos hace sentirnos acariciados, especiales, únicos en ese momento. En cada encuentro, en cada relación interpersonal, sea uno a uno o uno a muchos, empezamos a existir para el otro o para los demás apenas escuchamos nuestro nombre, señal clara del reconocimiento de nuestra presencia por los otros. Que nos llamen por nuestro nombre nos hace ver que somos importantes para la persona con la que estamos tratando y también nos demuestra así que de verdad le interesamos.

Que alguien sepa cómo nos llamamos, sepa nuestro nombre, es muy importante y, como dice nuestro gran novelista, a partir de saberlo parece que se nos conociera más, sin embargo el saber o conocer solo nuestro nombre equivale a conocer únicamente la puerta de entrada a nuestra vida y a nuestros pensamientos. Lo que los demás conozcan de nosotros a partir de nuestro nombre será el resultado de nuestro comportamiento, de todo aquello que hagamos por ser mejores cada día.

Las empresas cuidan sus marcas porque saben que son activos valiosísimos, han hecho un enorme trabajo e invertido mucho dinero para instalarlas en las mentes de sus clientes y cuentan asimismo con equipos de profesionales multidisciplinarios dedicados a tiempo completo al cuidado de esas marcas y es que ellos tienen muy claro los peligros a que está expuesta una marca y lo mucho que pueden perder si ésta se ve afectada de cualquier manera y saben también lo costoso que puede resultar el recuperar el prestigio perdido.

Así como las empresas nosotros también debemos preocuparnos por cuidar nuestro nombre, que es nuestra marca, esto nos obliga a que seamos consecuentes en nuestro accionar, congruentes con los valores en los que creemos y también a estar conscientes de lo mucho que podemos perder si no lo hacemos.

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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista