Mesas dialécticas

A propósito del rechazo de parte de la población de Cajamarca al proyecto minero Conga, representantes del gobierno y los medios de comunicación en general, han usado insistentemente la palabra diálogo. Con ella han querido expresar la necesidad de acercar las razones de los que están ahora opuestos; de un lado, el Estado Nacional que considera que el proyecto debe seguir adelante por los beneficios que reportará al país y de otro lado, un sector de la población cajamarquina apoyada por el Estado Sub Nacional que exige que el proyecto se desmonte porque no avizoran nada positivo en él. Estado contra Estado, es también la cuestión.

| 27 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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El presidente Humala ha querido, dialécticamente, superar el conflicto de fondo con la frase de “oro y agua”; es decir, no uno u otro, sino ambos. Es curioso, ideológicos de los enfrentados coinciden en un punto: Conga es el Rubicón del régimen. Unos, para apoyarlo le reclaman la continuación del proyecto, los otros exigen lo contrario. El drama está montado y el país espera el desenlace.

Los antecedentes se encuentran en Arequipa (junio del 2002), cuando la población apoyada y liderada por el Presidente Regional se impuso al Ejecutivo e impidió la privatización de EGASA. Hoy muchos arequipeños siguen buscando los beneficios del triunfo. Allí, en democracia, se instalaron las llamadas mesas de diálogo entre Ejecutivo y población. Las dictaduras no las aceptan por la sencilla razón que no existen para ellas los otros y menos sus razones. El mundo de la dictadura está repleto de sus razones; si algo consultan es al espejo, siempre que este refleje la infalibilidad de sus decisiones.

Pero democracia representativa no la pasa piola con la democracia directa. Ocurre que, las más de las veces es el medio -consentido sólo por la democracia- que usan agrupaciones políticas que perdieron en las urnas para imponer sus opciones programáticas. Primero las disfrazan de racionalidad, después acuden a la violencia y, en su cálculo político, las muertes posibles serán usadas para demoler moralmente a los gobernantes, sembrando sangre en sus manos, sangre de activistas que siempre son del pueblo al que, despectivamente, denominan masa.

Los diálogos más famosos son lo de Platón, diálogos sobre la justicia, la belleza y otros asuntos, él los escribió pero sentó de interlocutor a Sócrates y a variados discípulos y amigos, por lo que no se sabe cuánto dialogó Platón y cuánto Sócrates; lo que sí es claro, es que los dialogantes - abiertos al diálogo- no eran enemigos, sólo disentían al inicio sobre los principios y causas de la cosa en controversia. Pero el dialogo está inserto en la dialéctica y, esta última, puede ser entendida como la capacidad de afrontar una oposición y suele significar también la apelación o uso de violencia en la confrontación; de ahí que, la dialéctica más que el dialogo sea la que ha predominado en los conflictos sociales en el Perú.

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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto