Menem engañó al Perú

El agravio inferido al Perú por el exgobernante argentino Carlos Menem, al vender en forma sucia y artera armas a Ecuador en pleno conflicto entre este país y el Perú, ha sido reparado, con las disculpas manifestadas hace unos años por la presidenta Cristina Fernández, pero sobre todo por el reciente fallo judicial argentino que anuló la absolución del nefasto personaje por esa operación de tráfico de armas a Ecuador y Croacia y lo declaró culpable.

| 16 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 775 Lecturas
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Esperamos ahora que se defina la condena –cuantos años de cárcel deberá cumplir- y podemos decir que Argentina hizo lo suyo, para restañar la dolorosa herida causada por un gobernante corrupto e inconsecuente y ahora los dos países desarrollan intensas y estrechas relaciones de amistad y cooperación.

El Perú, en su momento, protestó enérgicamente tras la traición y enfrió durante años las relaciones con Argentina, por la impunidad de la hedionda operación. Pero hay algo que nuestro país, nuestro gobierno, puede y debe hacer, ahora que la justicia argentina ha dictaminado que Menem es culpable del tráfico de armas; es decir que jurídicamente es un delincuente.

Y lo que debe hacer el Perú de inmediato es retirarle la condecoración Orden El Sol del Perú que le otorgó y todas aquellas distinciones que, por protocolo, más que por méritos propios, le confirió a lo largo de su administración.

Huelga decir que Menem no merece tener esos reconocimientos de un país al que jugó sucio cuando traicionó no solo una amistad cimentada por grandes patriotas de los dos países, sino la solidaridad incondicional que el Perú le brindó a Argentina, dándole aviones, misiles y otros medios necesarios para nuestra defensa, durante la Guerra de Las Malvinas.

Es cierto que la acción de individuos que por su abyección no representan a sus pueblos jamás logrará empañar una relación de hermandad forjada por generaciones y hechos históricos como la proclamación de la Independencia Nacional por el Libertador argentino José de San Martín, al que nuestros antepasados nos enseñaron a venerar como nuestro.

Es también verdad que el hermano pueblo argentino repudia al traidor y lo ha condenado al ostracismo político, pues él no tiene espacio ni liderazgo alguno ni siquiera en el vasto y variado peronismo que lo había llevado al gobierno.

Pero también es necesario que los peruanos pongamos las cosas en su lugar y dejemos sin efecto cualquier reconocimiento que la Nación peruana le hubiera otorgado a Menem cuando fue presidente. No merece ningún honor quien ha incurrido en grave deshonor. ◘

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