¿Medios públicos? no se oye padre

El avasallamiento y la ruptura democrática por las fuerzas políticas más oscuras se debió en gran parte al apoyo que el fujimorismo recibió de algunos medios de comunicación que durante diez años se pusieron al lado del dictador sin discutir para nada sus gestos antidemocráticos.

| 13 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 718 Lecturas
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Y es que el inmenso poder político de los medios en nuestros países es ya una noción aceptada, e igualmente debería serlo el propugnar que el servicio de información se realice dentro de la autorregulación posible de cara a la confianza que el lector o usuario les presta.

Muchos países están discutiendo la reforma de sus medios. El Reino Unido debate la autorregulación supervisada recomendada por el informe Leveson que busca poner límites a los excesos de los tabloides sensacionalistas. Más cerca, países vecinos se preocupan por el equilibrio de la información e incentivan medios públicos a fin de superar la dicotomía medios privados y medios gubernamentales.

La independencia de los medios es clave para una sociedad bien informada. Ni el poder económico ni el político deberían atentar contra el derecho a la información. Argentina, con no poco escándalo, Ecuador, Uruguay, Brasil y recientemente México se abocan a determinar funciones, objetivos y financiación de los sistemas de medios públicos.

¿Cuál es el objetivo primordial de un sistema de medios públicos? ¿Recoger los aspectos que los medios privados-comerciales desechan? ¿Ofrecer una programación con valores ciudadanos y democráticos junto a una información imparcial, equilibrada?

Los medios públicos equilibran la comunicación nacional que se maneja entre el interés privado y el del gobierno de turno aunque pueden ser tan positivos como conflictivos. Por ello las nuevas leyes de medios alimentan acalorados conflictos entre los intereses políticos, económicos y sociales en juego.

Nuestro país no aborda esta discusión, parecemos conformes con los medios estatales que son los menos y los medios privados que son los más. No aspiramos a medios no subordinados a los dictados del mercado en términos de rating ni a la lógica gubernamental, que subordina todo contenido informativo al cálculo que lo beneficia.

Si bien es cierto que es difícil para los medios públicos consolidar autonomía y pluralidad, es necesario definir un posible servicio público de información, masivo y de calidad, que puede y debe ser prestado. Nuestros pocos medios de propiedad estatal deberían convertirse a la gestión pública. El debate debe abrirse y sostenerse sin que se ignore sus posibilidades o se considere perdido o infructuoso.

Cuando estuvimos en la presidencia de los dos más importantes medios estatales -TV Perú, al cual le cambiamos el nombre por ser el canal de bandera, y Editora Perú que edita El Peruano y gestiona la agencia de noticias Andina, a la cual hicimos abierta y sin costo- propugnamos la fusión del IRTP y de Editora en una gran empresa multimedia, de propiedad estatal pero de gestión pública que permitiría el equilibrio del espectro informativo en el Perú. Esperemos.


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