Mátalos

El panadero de la esquina no quiso darle a Daniela el sobre porque presentía que algo malo estaba pasando. “No pasa nada, es solo una carta de amor”, dijo ella. “¿De amor? El amor en estos tiempos ya no viaja en este tipo de cartas”, dijo el panadero de mala gana y le entregó el sobre.

| 24 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 782 Lecturas
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Daniela leyó: “Estoy en Pamplona Alta. Llegas al Puente Benavides, ese que está por la Universidad Ricardo Palma y luego caminas hasta una pared lateral del colegio La Inmaculada. Subes por las escaleritas hasta la punta del cerro. Yo estoy en la casa que tiene una bandera del Perú amarrada a un palo de escoba. Por favor, quiero verte”. Daniela quedó impresionada por el detalle de las indicaciones y tuvo miedo.

Fue a buscarlo un sábado por la mañana, con las primeras luces. Subió cada uno de los peldaños de la escalera pensando en Ernesto, en sus ojos brillantes y en esa sonrisa que apaga todas las penas.

Cuando llegó a la casa, la puerta estaba entreabierta. Entró pensando que Ernesto la había dejado así para facilitarle la entrada. No. Antes que ella habían llegado dos matones del Gordo armados hasta el asombro. Lo tenían amarrado en una columna en el patio trasero de la casa y lo habían golpeado tanto que casi no tenía ojos. Había sangre seca en el piso de tierra y él apenas podía hablar. “Perdóname”, llegó a decir al ver a Daniela, quien, por el asombro no pudo ni gritar y uno de los matones le metió un manazo para desmayarla.

Los matones le dijeron a Ernesto que matarían a Daniela si es que no les decía dónde estaba la parte del paquete que faltaba y que el Gordo pensaba que él se había quedado. “No tengo nada, yo entregué lo que el Flaco me dio, ya les dije. Déjenla ir por el amor de Dios. Les doy todo lo que tengo. Mis carros, mis ahorros, todo. Pero yo no tengo nada del Gordo”. “Calla mierda”, dijo uno de los matones y le metió un puntapié en el estómago.

Luego el matón recibió una llamada. Era el Gordo. “Mátalos”, dijo. “Sí, jefe”, contestó el matón antes de colgar. Después de unos segundos le disparó en la cabeza a Daniela con una pistola con silenciador y antes que Ernesto terminara de gritar también le disparó en la cabeza. (Fin)


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