Masificación con sostenibilidad social y ambiental

La masificación del gas en el Sur es una realidad que, a estas alturas, nadie debería dudar. Ya están encaminadas distintas acciones para dicho fin, como el anuncio del préstamo de COFIDE, la asesoría de la CAF, la petroquímica con Braskem y los proyectos a nivel regional que también ayudarán a generar la demanda de gas, como en Cusco con el Qosqo Gas. En suma, la masificación costará US$ 16 mil millones y será la obra de infraestructura más importante en el Perú, y quizá, del presente siglo.

| 01 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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No obstante, a pesar de los plausibles anuncios y las buenas noticias, queda aún en el tintero lo socioambiental, es ahí donde no se ha hecho, hasta ahora, anuncios significativos habida cuenta la magnitud de estos proyectos. Quizá, ello se deba, en primer lugar, a que no se tiene muy en claro el entorno social y natural de dónde saldrá el gas y, en segundo lugar, que se crea erróneamente que para este tipo de situaciones, el Estudio de Impacto Ambiental – EIA, es más que suficiente.

Lo cierto es que los proyectos de hidrocarburos se desarrollarán en un lugar sensible en términos socioambientales, la Cuenca del Urubamba. Ahí, existen un conjunto de Áreas Naturales Protegidas como Manu, Megantoni y la Reserva Comunal Machiguenga que conforman el Corredor de Conservación Vilcabamba Amboró que llega hasta la Amazonía boliviana. También existe una veintena de Comunidades Nativas, y sobre todo, pueblos indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial.

Por lo tanto, si se pretende apostar por un proyecto tan importante para el interés nacional, de la misma manera se debe de apostar por su sostenibilidad social y ambiental para evitar conflictos sociales, degradación ambiental y hasta sobrecostos a los mismos proyectos que se generan a partir de estos conflictos.

Entonces, para ello habría que implementar una estrategia que articule instrumentos de gestión de impactos, gestión territorial y gestión de riesgos. Sobre lo primero, debería realizarse una Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) para prevenir y mitigar los impactos globales que los proyectos en su conjunto (exploración, explotación y transporte) generan a nivel de la Cuenca del Urubamba, así como generar mecanismos financieros para compensar a las Áreas Naturales por los impactos secundarios y coadyuvar así a que éstas cumplan con sus objetivos de conservación.

En segundo lugar, habría que desarrollar un Plan de Ordenamiento Territorial en dicha Cuenca, con el objetivo de compatibilizar los distintos usos del territorio con las inversiones. En el marco de este ordenamiento del territorio, habría que sugerir, por ejemplo, un Corredor de Ductos con el objetivo de evitar que la infraestructura de transporte de gas aumenté de manera caprichosa y enmarañada sobre todo dentro de la Reserva Comunal Machiguenga.

Y por último, implementar un seguro ambiental de manera que, como consecuencia de una actividad riesgosa, los fondos sirvan para resarcir a las personas y también para restaurar el ecosistema afectado, tomando en consideración las experiencias previas de los distintos incidentes y rupturas con los ductos, que nadie quiere que se repita, pero que si vuelven a suceder contemos con instrumentos eficaces para hacerle frente. Si se logra ello, en parte, habríamos avanzado hacia la sensatez del extractivismo.


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Jimpson Dávila Ordoñez

Amazonía y buen gobierno