Mario Vargas Llosa habla ahora de mala fe

Mario Vargas Llosa, brillante escritor, visitó Nicaragua, durante el primer gobierno sandinista. Lo atendí, le ofrecí una recepción a la cual asistió Gioconda Belli. Mario quedó deslumbrado por la belleza física de Gioconda, fascinación acentuada cuando le di a conocer algunos de sus poemas. Platicamos un largo rato y Vargas Llosa me desafío sonriendo, y me dijo: esta hermosa mujer algún día estará en la línea correcta.

Por Diario La Primera | 01 oct 2010 |    

Logramos, desde entonces, tener cierta cordialidad difícil, adornada con puntos suspensivos y breves saludos. En aquella oportunidad Vargas escribió, para un diario norteamericano, varios capítulos sobre el FSLN. En sus crónicas relata que yo, supuestamente, le dije: “¿Cómo siendo tan buen escritor, sos tan reaccionario?”. “Yo me desquite —dice Mario— señalándome con su largo dedo. ¿Cómo siendo tan elocuente eres tan represivo?” En realidad yo le dije — y no quiso ser textual— “¿Cómo es posible que teniendo un lucero en la frente, tengas un pedazo de noche en la conciencia?” Mario agregó en su desquite: “Tomás Borge utiliza las metáforas hasta la perversidad.”

El célebre peruano fue apasionado partidario de la revolución cubana. En algún minuto misterioso tuvo una reyerta con García Márquez y con Cuba. De pronto desconoció los méritos en educación, salud y solidaridad de la revolución martiana y escupió el rostro descomunal de Fidel Castro.

No obstante, desde su visita a Nicaragua creí que el iluminado prosista peruano era propietario de una pesada honestidad manchada, tan solo, por sus prejuicios ideológicos. Siempre pensé que, aunque contrarrevolucionario, hablaba de buena fe, aunque, a veces, fue víctima de una mortal dosis de ingenuidad política, como cuando durante la campaña presidencial de la cual fue protagonista en el Perú, afirmó que despediría, apenas le pusieran la banda, a no sé cuantos centenares de miles de empleados fantasmas del corrupto gobierno de su país, de ese momento. Desde luego los centenares de miles de empleados votaron por quien sería un presidente ladronzuelo y criminal, Alberto Fujimori. No tengo duda que de haber llegado al poder Vargas Llosa hubiera protagonizado un gobierno derechista aunque sin robos ni asesinatos.

La buena fe del escritor originada en mi fantasía, la pongo en duda, con sus nuevas incursiones políticas acerca de las próximas elecciones legislativas en Venezuela. “Chávez está manipulando, desde ahora, los resultados de las próximas elecciones legislativas”, afirma con odiosa intencionalidad política, para que sus numerosos lectores pongan en duda, la inevitable victoria de las fuerzas revolucionarias de ese país fraterno. Actúa con mala certidumbre, desde su elevado prestigio literario dando a conocer su retorcido criterio a través de CNN y otros instrumentos mediáticos contrarrevolucionarios y, por lo tanto, calumniosos, así como en canales y diarios, enemigos de Chávez, en el propio Venezuela. Esos son los extremos del encono a los cuales conduce la repugnante maestría de la mentira deliberada y salvaje.

A pesar de tanta deformación no dejaré de reconocer la calidad del novelista Mario Vargas Llosa, como no sería correcto ignorar la agilidad literaria y los méritos de Jorge Luis Borges y Pablo Antonio Cuadra.


    Tomás Borge

    Tomás Borge

    Opinión

    Embajador de la República de Nicaragua