Manuel Jesús Orbegozo

El profesor sanmarquino Manuel Jesús Orbegozo me miraba con sospecha porque me aparecía en todas sus clases. Una noche me preguntó: “¿Me confundí de salón o tú me estás persiguiendo?”. “Las dos cosas, profe”, le respondí y fuimos a buscar juntos el salón en el que lo estaban esperando. “¿Pero ya dicté en tu salón, por qué no escuchas a los otros profesores?”. “Es una larga historia, profe, además, lo que me interesa a mí es escribir historias”. “Pero este salón está lleno, no hay espacio”. “Chispas, pero puedo traer una carpeta del otro salón”. “Ja, ja, ja, tú debes ser de Huancayo, por tu terquedad”. “No, soy cangallino”. “Bueno, cangallino, me preocupas porque diré lo mismo que dije en tu salón”. “No se preocupe, profe, porque lo que dijo en mi salón ya lo había dicho usted en otra clase, una raya más al tigre”. “Ay, cangallino. Ya, toma asiento”. “Gracias”.

Por Diario La Primera | 16 setiembre 2012 |  673 
673  

Soy de la base 96 de San Marcos y los de mi generación mirábamos a Orbegozo como al gran maestro que escribía como los dioses. Conozco a gente que solo iba a San Marcos a escuchar las clases de Orbegozo y del gran César Lévano. Los dos eran los perseguidos por los estudiantes que se morían por escribir.

Orbegozo era la luz de la crónica generalmente sentimental, de la anécdota sabrosísima sazonada con figuras literarias; fue seguidor constante de bravos como Gabriel García Márquez y otros genios. Sus clases eran un viaje por el mundo al que había tantas vueltas, que había quedado ebrio de historias reales. Decía que su chamba era descifrar el alma humana y los chibolos de entonces lo mirábamos como si él fuese una estatua que hablaba. La única vez que me defraudó en serio fue cuando aceptó ser director del diario “El Peruano” durante la dictadura. Pero no le dije, yo que le decía todo. Fue un maestro. No hacía huelga. Para no perder clases, abría su casa miraflorina y su biblioteca se convertía en un laboratorio de redacción. Era un apasionado de la palabra y entendía que el Periodismo se aprendía siendo parte del hecho noticioso. Fue un gran testigo. La escritura de Orbegozo podría resumirse en “yo estuve aquí”. Falleció el 12 de setiembre del año pasado a la edad de 88 años y casi nunca la muerte había quedado tan mal como entonces.
Referencia
Propia



    El Escorpión

    El Escorpión

    El Escorpión

    elescorpion@diariolaprimeraperu.com

    Loading...

    Deje un comentario