Manual “mi bufalito tabanero” para un contralor feliz

Estos son los pasos a seguir para conseguir al contralor perfecto. Obedecer la selección de nuestro flamante y más alto diplomático del pisco 7.9 en Italia, Rafael Rey, ahora convertido en el ‘Pinturicchio’ del Opus Dei, con el respectivo acento de forza renacentista napolitana combinada con un toque de Godfather mantillesco.

| 12 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 599 Lecturas
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Acto seguido, conseguir un detector de mentiras para el recomendado. Antes, cerciorarse que esa máquina no tenga origen de suelo Paruro. Hacerle una radiografía curricular (al niu lobista) en la comisión Webbeo, previo barrido electrónico –si en caso el aparato presenta ruido de espía nanotecnológico, alto riesgo: asesorarse con la popular “ñorsa anti chupón” Meche Cabanillas-. Comprobar que el candidato no tenga ningún lazo con algún narcotraficante; como pasó con el ex procurador Tambini, you known, Alan; el mismo que fue amigazo del clan Zevallos y sus dos hijas favorecidas en puestos del Estado ¡Y su esposa que quiso cerrar el caso El Frontón! Dirigirse velozmente al Instituto del Mar del Perú –back to the future: el vicepresidente Giampietri fue titular de ese ente en la época de Fujimori-, y tratar de hacer pasar, en contra de todo pronóstico, al elegido, ya. Se sabe que el detector de mentiras quedará más descompuesto que cerebro de boxeador jubilado (Recuerden que este gobierno convocó alguna vez un concurso para contratar una traductora. Y ganó Rosa Giampietri de Calisto, la hermana del Almirante. Oh, casualidad). El manual está ahí, es de editores “mi bufalito tabanero”. Y para celebrar con guata gris rata, comerse un delicioso chicken tuitero de festival; en algarabía, y con huesos de alitas provenientes de la avícola del Favre (el man ex FORSUR y cercano a Alan), se celebrará hasta el alba chupando alta corrupción.

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Luis Torres Montero

Malas palabras

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