Manseriche

En diciembre, el CIP realizó el Coloquio “Hacia un Acuerdo Energético”. Cuatro fueron los temas tratados: Los recursos con que contamos, el rol de las empresas estatales, la seguridad energética y el planeamiento y la política energética.

| 06 enero 2009 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Para determinar la magnitud de recursos y de nueva infraestructura necesarios a futuro: (i) Se fija un año horizonte (ejm: los próximos 25 años) hasta el que se desea cubrir la demanda; (ii) se establece una tasa anual de crecimiento de la demanda energética, en función del crecimiento del PBI y del poblacional; (iii) se establece la participación que deberían tener los distintos recursos energéticos (ejm.: 30% de hidrocarburos, 30% de hidroenergía, 20% de otras renovables y 20% de nuclear) al llegar al año horizonte.

Se analiza diversos escenarios. Así, cabrían escenarios de desarrollo rápido (optimista), mediano (normal) y lento (pesimista). Además, la necesidad de recursos debe compatibilizarse con la cantidad de recursos con los que cuenta el país.

Los únicos proyectos que se pueden emprender con base sólida son los respaldados por reservas probadas. Sin ellas, los proyectos no son financiables. Entonces, para planear el futuro se necesita conocer los recursos energéticos con los que cuenta el país. Sin recursos bien conocidos, cualquier plan es endeble.

El año 1992, con ocasión de un fórum de energía en la UNI, realizamos el ejercicio académico antes descrito. La principal conclusión fue que el destino del Perú era uno con Camisea y otro sin él. Camisea se materializó en agosto de 2004. Hoy, habiendo pasado apenas poco más de 4 años, a aquél que solicita le vendan gas, le responden que Camisea ya no puede atender nueva demanda. Con esa respuesta, para fines de nuevo desarrollo, se acabó Camisea; sin Camisea, la disyuntiva es: ¿A qué recursos energéticos podemos acudir en el futuro? ¿Cuánto provendrá del país y cuánto tendrá que importarse?

Un examen rápido de los recursos conocidos indicó que, en cuanto a petróleo lo que tenemos está en el noroeste y en el nororiente, en campos declinantes, a tal punto que para incrementar la producción en el noroeste, en el momento en que el petróleo se cotizaba por encima de los US$ 100 por barril, se había pedido reducir las regalías.

En cuanto a gas, lo descubierto adicional a Camisea es poco. La dependencia del gas nos podría llevar a ser importadores, en situación semejante a Chile y Argentina. En cuanto a carbón mineral, poco es lo que se conoce; somos importadores de carbón para generar electricidad; existen yacimientos en Áncash y La Libertad, siendo el más importante el de Alto Chicama, que sí contó con estudios.

Lo más relevante es el potencial hidroeléctrico, estimado en 60,000 MW a inicios de los años 80, pero a nivel de inventario preliminar, sin haber obtenido nueva mayor información en el último cuarto de siglo. Al tocar el tema, alguien comentó “eran 60 mil Megawatts; ahora sólo son 30 mil, pues la mitad ha sido cedida al Brasil. Hecho el recuento, la conclusión fue que es insuficiente nuestro conocimiento acerca de los recursos que necesitaremos poner en valor en los próximos años. Que necesitamos invertir en ello. Que deberíamos tener una institución cuya tarea sea inventariar nuestros recursos energéticos, obteniendo la información relevante acerca de ellos. Que los recursos pueden provenir de la misma vía que financia al organismo regulador del sector.

Alguien sugirió construir la hidroeléctrica de Manseriche, estudiada muchas décadas atrás por Santiago Antúnez de Mayolo, como un proyecto de 4,000 MW. En las 2 próximas décadas, según el ritmo al que avancemos, necesitaremos incorporar entre 7,000 (caso pesimista) y 24,000 (caso optimista) nuevos MW. Si esa demanda se cubriese con proyectos de 100 a 200 MW como se hace actualmente, se requeriría incorporar de 35 a 240 nuevas unidades, esto es de 2 a 12 proyectos por año. Estas cifras hacen deseable incluir en la cartera algunos grandes proyectos, que entre ellos cubran la mitad del requerimiento; la combinación podría ser un 75% hidroeléctrico (5,200 a 18,000 MW) y 25% nuclear (1,800 a 6,000 MW).

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Carlos Herrera Descalzi

Opinión

Columnista

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