Mano sucia

¿Qué comunica quien ensucia la vía pública? Muy elegante y considerada mi manera de empezar esta nota aunque de verdad lo que pretendo saber es qué es lo que le pasa por la cabeza a quien sin mayor preocupación larga por la ventana (de auto, micro, combi, ómnibus y, si se pudiese, desde un avión) cualquier desperdicio.

| 10 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 811 Lecturas
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He visto y sigo viendo viajar hacia la calle de todo: en un semáforo estando detenido he visto al piloto del auto vecino limpiarse la oreja con un hisopo y luego al final de la operación largarlo por la ventana y casi de inmediato, ya higienizado, recibir un romántico beso de su acompañante.

¿Qué le pasa por la cabeza entonces al que ensucia? Un chofer de ómnibus a quién le llamo la atención por ensuciar la calle me contesta: “…porque me da la gana pues, para eso pago mis impuestos”. Creo que además de mano sucia es mentiroso. No creo que pague un sol de impuestos siquiera y, es casi seguro, que otros comportamientos así de sucios lo pinten de cuerpo entero: orinarse o escupir la calle, violar repetidamente las reglas de tránsito y un larguísimo etcétera de inmundicias.

En una ocasión esperando el cambio de luz del semáforo el chofer del auto de adelante larga por la ventana dos platos con sobras de comida y yo desde atrás le grito: “la calle no es basura”. De inmediato un borrachín que estaba tirado en la vereda se me acerca y me increpa: “¿a quién le has dicho basura?” Al menos ese borrachín tiene algo en su cabeza: un resto de dignidad.

Todo comunica es un axioma de comunicación. Un axioma es una proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración. Si pues, comunicamos siempre, entonces ¿qué mensaje nos transmite el que ensucia? ¿Qué es lo que quiere que sepamos?

Seguro hemos escuchado alguna vez estas frases: “mi trabajo es mi segunda casa” o “la escuela es la continuación del hogar” y, por analogía la frase: “la ciudad es la casa de todos”. Si esas frases son ciertas, cierto será entonces esperar el mismo comportamiento, del mano sucia que motiva esta nota, en su casa y en su trabajo. No puedo imaginar al sujeto en cuestión comiendo en el comedor de su casa y él, su mujer y sus hijos, tirando al suelo las sobras. O tal vez orinando la pared de su sala, Seguro que no ¿entonces por qué esos comportamientos en la calle? ¿y por qué, además, estos pobres comportamientos cruzan todos los sectores socio-económicos?

Construir una comunidad, es decir un espacio público en el que nos reconozcamos, respetemos y nos sintamos seguros y cómodos. Un espacio amable y limpio. Una comunidad está definida por un conjunto de personas vinculadas por características comunes ¿entonces cuáles son esas características deseables? ¿por dónde empezar a construirlas? No creo estar descubriendo nada si señalo que esta tarea corresponde a los municipios. No hay excusa posible para no empezar desde las comunas un trabajo diario y sostenido por hacer conocer a los que viven o a los que pasan por nuestra ciudad que no nos gusta que la ensucien. Comunicar a todos y de todas las formas posibles que estamos orgullosos de vivir en ella y que queremos verla limpia, disfrutarla todos los días con los nuestros y que no nos gustan los manos sucias.

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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista