Madre de Dios, el oro y el desmadre de la naturaleza

Entre los kilómetros 103 y 115 de la carretera Interoceánica, en Madre de Dios, el paisaje es de pesadilla a ambos lados de la vía. Decenas y centenares de chozas miserables, nadando sobre charcos contaminados y nauseabundos, ofertan con letreros pintados a la paporreta desde comida, medicamentos, alojamiento, arreglo de motos y carros, venta de ropa, hasta placeres sexuales y todo lo que el consumismo más perverso y desenfrenado pueda ofrecer.

| 15 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Es la imagen del caos, de la destrucción, del desmadre de la madre naturaleza saqueada, violada y destruida por la extracción de la minería aurífera en el llamado “Corredor Minero” y en el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata-Candamo.

Nada detiene a los extractores informales e ilegales del metal precioso.

-Este año ya se han producido invasiones en el aeropuerto “Padre Aldamiz” de Puerto Maldonado que es el único aeropuerto del mundo construido con oro. En cualquier momento empiezan a picarlo para sacar el oro-, me dice un amigo madrediosense con un tono de preocupación.

El oro es un metal asociado siempre a la divinidad, a lo sagrado, desde la aurora de la historia humana. Sin embargo, su extracción, su venta, su comercio, están también relacionados con la destrucción de la naturaleza, la violencia y la tragedia. Es el caso de Madre de Dios donde la actividad aurífera tiene más de medio siglo y sus secuelas e impactos, más que benéficos en términos sociales y económicos, son inmensas e incurables heridas ambientales. El desastre ecológico de Huaypetue y el cataclismo actual de “Huacamayo” y “Delta” son las muestras de que el oro es también el “excremento del diablo”.

Para miles de peruanos pobres el oro de Madre de Dios es una quimera, una ilusión, y un negocio redondo y suculento para las medianas y grandes empresas que explotan a estos miles de pobres. El desorden, la ilegalidad e informalidad que ahora reinan en la actividad minera tienen sin duda también un responsable en un Estado ineficiente y corrupto que en el reciente pasado ha sido incapaz de regular, de ordenar y de formalizar la extracción, la comercializacion y la transformación de este oro aluvial que ha descendido a lo largo de los siglos de las cumbres cordilleranas de Ananea.

El oro es también como un antídoto del veneno de la crisis económica mundial, una especie de seguro y garantía frente a la incertidumbre de los mercados. Por eso su precio sigue subiendo y hay indicios de que el año 2011 podría cerrar con la onza de oro a 2000 dólares. Estos altos precios explican Conga y el terremoto político que ha provocado y el Apocalipsis ecológico que amenaza Madre de Dios, la “Capital de la Biodiversidad”.

Pero felizmente no todo es irremediable. Es preciso y urgente que todo el Estado intervenga en Madre de Dios para frenar el caos social, la agonía y la muerte de la naturaleza. Que el Estado y el gobierno no pongan todos los huevos de la inversión sólo en la canasta de la minería y el extractivismo.

La economía del futuro es una economía verde. El oro verde sostenible y renovable frente al oro amarillo no renovable e insostenible


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