Madre de Dios: ¿por qué los muertos?

1.- La decisión gubernamental de afrontar decididamente la minería ilegal en Madre de Dios (y se espera en otros lugares) era indispensable y ha sido bien recibida por todos los sectores. Como se conoce, la estrategia comprendía, en un primer momento, la intervención sorpresiva militar-policial para destruir las dragas, barcazas, chatas, etc, que eran utilizadas por quienes eran los capos del negocio.

| 19 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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La presencia de una policía reforzada, lista para controlar la esperada reacción de quienes vieron paralizados sus pingues ingresos y de la previsible utilización de sus peones contratados, ahora sin chamba, en paros y movilizaciones (a los que se les uniformó con polos blancos y cascos de mineros), era un segundo paso de la estrategia en curso. Por eso y adelantándose, la propuesta del diálogo con la verdadera minería informal buscaba neutralizarlos y separarlos de los mineros ilegales (los que explotan el mineral en áreas protegidas). Hasta aquí todo bien.

2.- La movilización, paro y toma de caminos y plazas públicas no solo era predecible, sino que la inteligencia policial, con seguridad, tenía claro la magnitud de los hechos. El desborde de las masas acicateadas por los “barones del oro de la zona” y los ataques a las instalaciones públicas, eran los supuestos básicos para definir el carácter y modalidad de la intervención policial en resguardo del orden público. Particularmente las instalaciones del gobierno regional, habida cuenta de la firme condena a las consecuencias de la economía informal-ilegal hecha por el presidente de la región. Ejemplo no lo suficientemente resaltado.

3.- Ningún informe policial o periodístico ha dado cuenta de acciones de la movilización masiva que no hubiera estado prevista por el mando policial responsable. Por el contrario, no se asaltaron ni incendiaron locales y oficinas públicas, como en otras oportunidades, ni tampoco se tomaron rehenes, como seguramente se habría considerado en las hipótesis más duras. La utilización de piquetes y presión mediante amenazas para el cierre del mercado o bloqueo de carreteras y puentes, era lo esperado, y así fue. El resguardo al aeropuerto local, había sido considerado como de primera importancia. Enfrentamiento con piedras y hondas contra los efectivos policiales lamentablemente es bastante común en nuestro país. También, que los policías les tiren a los manifestantes las mismas piedras.

4.- Se contaba con el número de efectivos suficientes (no se hizo ninguna petición adicional), los medios (bombas lacrimógenas, helicóptero, balas de goma, etc) eran los necesarios.

5.- Y, entonces, los tres muertos de bala (uno de ellos con un proyectil que le atravesó un ojo), y los más de diez heridos también de bala ¿cómo se explican? De lo que se conoce, los manifestantes no portaban armas de fuego ni se las quitaron a los policías como en la matanza de Bagua. Todo esto llama la atención y debería ser firmemente investigado por la Inspectoría de la PNP y por el Ministerio Público.

Pero, también, llama poderosamente la atención que ninguna autoridad, civil o uniformada, haya lamentado la muerte de estos manifestantes, peones-trabajadores, informales o ilegales. Y menos, exigido que se investigue y sancione a los culpables. Los congresistas de Gana Perú han guardado silencio. Tampoco se conoce algún pronunciamiento de los defensores de los DDHH. Después no nos quejemos.


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista