Lugo ¿resiste?

Festinando trámites el Congreso paraguayo destituyó al presidente Fernando Lugo en pocas horas y puso fin al primer gobernante que logró derrotar al Partido Colorado en sesenta años. No solo sorprendió el apresuramiento sino el nulo apoyo parlamentario y la escasa movilización popular a su favor.

Por Diario La Primera | 28 jun 2012 |    

Sin siquiera insistir en su recurso de inconstitucionalidad ni tampoco atreverse a comparecer ante sus acusadores, apareció abatido, aceptando su derrota ante la sorna vengativa de los viejos herederos de la oscura y corrupta dictadura de Alfredo Stroessner.

La solidaridad de los gobiernos de la región lo han reanimado y a pocos meses de las elecciones generales del 2013, un nuevo capítulo se inicia.

El episodio después de todo no se aleja de la fascinante y muchas veces trágica historia del pueblo paraguayo. En épocas pre hispánicas los quechuas los despreciaban por su primitivismo, pero luego entre los fastos coloniales están las misiones comunistas y celestiales de los jesuitas, que alteraron los nervios de la Corona al extremo de exterminarlas.

En el siglo XIX formaron una república singular en el continente, con presidentes napoleónicos que como el doctor Francia y los López, padre e hijo, forjaron una autarquía y luego fueron uno de los países más prósperos, avanzados y cultos del continente. Las haciendas transformadas en “estancias de la patria” alimentaban gratuitamente a todos y en las escuelas públicas se impartía una enseñanza de nivel europeo.

La Guerra de la Triple Alianza, encabezada por Brasil y financiada por los ingleses acabó con el sueño. Cuando terminó en 1871, de un millón y medio de habitantes, apenas sobrevivieron 300 mil, de los cuales solo 28 mil eran hombres.

En el siglo XX la guerra del Chaco contra Bolivia y las contiendas civiles los agotaron. Un militar ambicioso capturó el poder en 1954, sustentado por el nacionalista y reaccionario Partido Colorado. Décadas después las crisis internas y la gigantesca corrupción, socavaron el hasta entonces sólido modelo corporativista. Tras la caída de Stroessner aparecieron facciones internas como las encabezadas por Nicanor Duarte y el general Lino Oviedo. En la oposición el liberalismo se reagrupaba en el Partido Liberal Radical Auténtico, mientras surgía fulgurante la figura del Obispo de San Pedro.

Sin partido, el carismático sacerdote se arriesgó a la suspensión de Roma, se afilió a la minúscula democracia cristiana y triunfó en las elecciones del 2008. Tuvo que aliarse con los liberales que le aseguraron fuerza parlamentaria pero ninguna lealtad.

Lugo pronto descubrió que con la retórica y la simpatía podía ganar elecciones pero no gobernar. Pese a sus enredos románticos que pusieron al descubierto cierta vocación demográfica; el país, gran exportador de energía y soya, creció en un 15% el 2010.

En el papel tiene el camino abierto hacia los comicios del próximo año, pero enfrenta a poderosos enemigos que ya le demostraron que les importa poco las formas con tal de recuperar el poder.

Referencia
Lugo ¿resiste?

    Agustín Haya de la Torre