Lucille Ball ha regresado

Lucille Ball ha vuelto reencarnada en Sarah Palin.

La diferencia es que Lucille Ball era una ignorante encantadora y una huachafa del hogar y Sarah Palin, siendo tan huachafa e ignorante como ella, podría ser la presidenta de un país con el mayor arsenal atómico del mundo.

Por Diario La Primera | 13 set 2008 |    

Es que todo ha cambiado, para mal y hacia abajo, en la política norteamericana.

Décadas atrás, Sarah Palin no hubiera servido ni para amante borrosa de un viejo senador del medio oeste.

Hoy acompaña al viejo John McCain en la fórmula republicana, un combo de guerra fría y brutalidad armada con el que el sistema de las corporaciones pretende mantenerse en el poder.

La señora Palin es minuciosamente estúpida y hasta ahora había abierto la boca sólo para recitar su panfleto conservador. O sea que Dios nos hizo del mismo barro que Bush deja como estela, que Darwin es peligroso, que no está demostrado que el saqueo del planeta haya influido en el calentamiento global, que el aborto debería estar siempre penado con la cárcel y que los Estados Unidos muchas veces sólo cumplen las consignas del Señor, alabado sea.

Decía que hasta ahora sólo había abierto la boca para paporretear ese “Coquito” conservador, porque hace dos noches ha añadido a su elocuencia Neanderthal la dosis de Apocalipsis que le hacía falta para ser perfecta.

Entrevistada por Charlie Gibson, de la cadena televisiva ABC, ha dicho que Estados Unidos “debe vigilar a Rusia” y declararle la guerra “si es preciso” si ese país invade otra vez “una democracia más pequeña como Georgia”.

John McCain no la ha corregido porque él piensa lo mismo y ha elegido a Palin para que diga por él lo que el republicanismo duro ofrece como alternativa a Bush: más dureza, pero con eficacia.

Palin tiene 44 años y obtuvo su pasaporte recién hace dos. Y ha viajado a Israel (tiene la bandera de ese país en su oficina y dice que todo buen cristiano tiene que ser sionista porque ambas creencias son hermanas), Alemania, México y Canadá. O sea que es tan cosmopolita como un amante de los rodeos de Tenesí (y ella es también, claro, amante de los rodeos).

Interrogada por Gibson sobre “la doctrina Bush”, la señora Palin hizo una mueca de desconcierto y quedó petrificada. Cuando Gibson le explicó que “la doctrina Bush” consiste en declarar guerras preventivas, la señora Palin dijo que, en esa materia, “el presidente Bush ha cometido algunos errores”. No dijo, desde luego, cuáles eran esos errores porque no sabía de lo que estaba hablando. Lo que sí dijo es que ella autorizaría misiones secretas en Pakistán sin la autorización de los paquistaníes y “mayor presión” sobre Irán.

McCain, que es un palurdo sin resquicios, está feliz. Un electorado manejado por los grandes medios audiovisuales ha encontrado a su abeja reina. Y McCain, que decía que Janet Reno –la fiscal de Clinton- era una machona que podía ser el padre de Chelsea Clinton, sintoniza ahora perfectamente con la plebe patriotera que no pregunta por propósitos, se alimenta de las noticias de la Fox, y está convencida de que sólo las armas nucleares evitarán que Irán las obtenga.

La señora Palin ignora que Georgia no es precisamente una democracia sino un protectorado servil de los Estados Unidos de América. Ignora que fueron las armas georgianas las que dispararon primero sobre las mayorías rusas de Osetia del Sur. Supone –estoy seguro- que Abjasia es una línea aérea y cree que pocos recuerdan su infame sociedad con el hitleriano Pat Buchanan, al que ayudó en su campaña cuando éste visitó Alaska.

El último de los cinco hijos de la señora Palin tiene síndrome de Down. Esta Vilma Picapiedras que algún día podría cargar el maletín desde el que empezar una guerra nuclear mundial, ha exhibido a este niño en cuanto foro ha podido para demostrarle a sus rivales que es mejor tener un hijo Down que abortar. Y desde luego ha subrayado que ella sabía que su cría padecería de ese retardo. ¿Creerá que el niño no intuye el uso que están haciendo de él?

Con el mismo criterio, la gobernadora de Alaska ha expuesto ante todas las cámaras imaginables al hijo de su hija de 17 años, a quien no le brindó educación sexual alguna porque en esa casa –completada con un marido que es campeón de carreras de motos en la nieve- mencionar la palabra “condón” es poco menos que una blasfemia.

Esa es la América que nos espera con McCain, el hombre que cayó prisionero mientras echaba bombas de napalm en Vietnam. Ese hombre amargado y siniestro ha encontrado a la pareja ideal. En eso está terminando el sueño de Thomas Jefferson.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista