Lozada y Otárola deben ser demandados

Otárola y Lozada deberían ser llevados a juicio. Ojalá algún organismo reúna a los familiares de los nueve caídos durante la mal llamada “Operación Libertad” y los acompañe en una demanda.

| 14 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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Reconocer post-mortem, como lo ha hecho Otárola, que mandaron a los jóvenes combatientes a un territorio desconocido, sin entrenamiento ad-hoc, sin información de inteligencia, es una confesión de lo poco que les interesó preparar esta operación, de lo nada que les importó sacrificar vidas que para ellos parecían ser solo números en la tropa (¡1,500 para el “cerco” decía el comunicado!). Tienen hasta los codos manchados de sangre.

Las investigaciones a los jefes de comando y de patrullas tendrán que determinar cuán evitables fueron esas nueve bajas. Sospecho que fueron casi todas, si no todas, altamente evitables. “No entendí por qué se fue el helicóptero”, ha dicho el S.O. Astuquillca. Menos se entiende por qué nunca más los encontraron a él, a Vilca y a Tamani con vida, estando los tres sanos las primeras 24 horas que fueron abandonados. Dos o tres días después recogerían el cuerpo de Tamani, gracias a los datos de los comuneros. A solo 50 metros Vilca malherido junto a Astuquillca, trataban de hacerse visibles a sus compañeros que jamás los encontraron como sí lo hizo el enemigo nefasto, cazándolos día y noche durante más de quince días.

Y ahora comienzan todos a zafar cuerpo. El jefe de la Dinoes, Salvador Iglesias, dijo a La República que solo estuvo cinco días a cargo, que las operaciones previas las comandó otro general. También tendrá que ser investigado el capitán PNP Jesús Soto Quintanilla, según Astuquillca fue quien estuvo al mando del helicóptero que los abandonó. “Me voy para tranquilizar el ambiente político enrarecido y polarizado”, ha dicho insensiblemente Otárola ofendiendo la memoria de los caídos. Cuando debió decir: “Me voy porque recién caigo en cuenta que el blindaje de gobierno no puede contra los justificados cuestionamientos a mi ineficiente y letal actuación. Porque quisimos apurar mediáticamente la estrategia y porque le he regalado solo triunfos al mequetrefe de ‘Gabriel’.”

Lozada no se queda atrás. Según lo dicho por un alto oficial a la Revista Domingo, Lozada durante toda su gestión jamás se reunió con los generales jefes de las dependencias policiales para siquiera informarse sobre sus necesidades. El mismo semanario indica que en lo que va del año el sector Interior no ha gastó ni un sol de los 48.3 millones presupuestados para mejoras en las comisarías del país.

Quizás lo único que se puede rescatar de sus inefables actuaciones es que por primera vez en muchos años y bajas, la opinión pública y el periodismo tomamos nota y foco específico sobre esas zonas agrestes, los narcoterroristas que las campean y la valentía de tantos jóvenes entregados a sus instituciones del orden y al país, que sienten un llamado y orgullo especial en trabajar exponiendo su pellejo por todos nosotros. Antes de los desaciertos de Otárola y Lozada, no estaban estos muchachos tan presentes en nuestras vidas y corazones. Ahora, esperemos, nunca dejen de estarlo.

En el juego político, Valdés, tan preocupado él porque no se desestabilice el régimen, debería escuchar sus propias palabras y no cumplir su amenaza de irse. No porque alguna cosa en especial le haya resuelto al gobierno más allá de representar al gabinete de la hoja de ruta, pero méritos para ser censurado tampoco ha hecho. Al menos por ahora, pues Conga aún pende sobre su cabeza, y si resulta cierto que quiere levantarse de un plumazo la estrategia de acercamiento y comunicación en Cajamarca para entrar al caballazo (y que por ello hasta está allanando camino de potencial conflictividad social consintiendo a la minería informal en otras partes del país), quizás se gane un Nobel de la censura.

Ojalá el Presidente esta vez nos visite un poco más de tiempo y tome control de la situación política del país. Porque en estos días éste ha parecido un gobierno en piloto automático y sin software para capear temporales.


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Claudia Cisneros

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