Los secretos del vaticano

Conforme se acerca la fecha del cónclave para elegir al nuevo papa el misterio crece. Al estilo de las viejas monarquías absolutas reforzado por la infalibilidad del pontífice, el poder en disputa es grandísimo. Elegirán al jefe de 1200 millones de fieles con métodos anacrónicos, donde un puñado de cardenales, todos hombres, deciden.

| 21 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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El papado a diferencia de las otras grandes religiones, organiza un poder centralizado y concentrado de una manera férrea. El líder de los católicos no es un niño divino buscado entre cualquiera como hacen los budistas, ni uno más entre iguales al estilo de los ayatolás. Tampoco es un pastor al que su oficio no le imprime carácter como en el cristianismo reformado, que no tiene jerarquías.

El Vaticano le ha dado forma a una herencia imperial que maneja lo divino y lo humano no siempre con destreza. Anclada en el pasado, la curia totalmente masculina y provecta, margina del poder por completo a las mujeres y a los jóvenes. Su desprecio por la mujer es doctrinario, en la iglesia no pasan de ser servidoras de los poderosos cardenales. Su concepto ancestral del sexo como pecado, encarnado como expresión de dominio en la hembra de la especie, tiene profundas repercusiones en la sociedad occidental.

Su vinculación siempre reservada pero visible con el poder económico, la convierte en una de las instituciones más ricas de Occidente. En muchos países de Europa y América, es una de las principales propietarias de tierras y su banca maneja grandes fortunas, no siempre de impecable origen.

Esta confusión nunca superada entre lo que es del César y lo que es de Dios, se ha transformado en la gran carta en que la iglesia de Roma sustenta su poder. Si se impone una corriente que transe con los jerarcas culpables de la abominable pederastia, al estilo del cardenal de Los Ángeles Roger Mahony protector de 129 curas violadores, habrán optado por el camino de la decadencia. Si continúan sin transparentarse las cuentas secretas del banco de Dios, sabremos que las mafias seguirán encontrando refugio seguro en esas oscuras bóvedas.

El poder de una iglesia que impone sus normas educativas en tensión con el Estado laico, es un elemento decisivo para la cohesión de las sociedades democráticas. Incluso el avance de la ciencia, clave para el bienestar humano, tiene que ver con el talante del nuevo líder.

Felizmente que después de 300 años le pidieron perdón a Galileo aunque Giordano Bruno arde aún en la hoguera. Su papel en la política no es poca cosa y desde su apoyo a los nazis y a los genocidios africanos, sus decisiones son de cuidado.

La opinión internacional está atenta a este pleito sin tregua de facciones encontradas que agobiaron a Benedicto XVI. El mundo del siglo XXI al borde de superar los límites naturales de la especie humana por el avance de la ciencia, tiene en esta vieja sociedad un problema nada espiritual.


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