Los poderes de Martina Mallqui

Martina Mallqui me cuenta una pena suya como si me contara la peor tragedia del mundo. “He perdido mis poderes y no sé qué hacer, señor Escorpión”, me dice. “Si ha perdido sus poderes hay que ir a buscarlos”. “No se burle; es que usted no sabe”.

Por Diario La Primera | 29 mayo 2012 |  830 
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Ocurre que Martina Mallqui tenía un poder extraño. Pensando en la Virgencita de Chapi pedía encontrarse cien dólares y a la salida de la capilla se encontraba los cien dólares; pedía una tarjeta cargada del Metropolitano y se encontraba la tarjeta; pedía un collar de oro para un regalo urgente y se encontraba el collar; pedía encontrarse mil soles y se encontraba el dinero. Así vivió todos estos años, gracias a la bendición milagrosa de la Virgencita de Chapi. Tiene sesenta años de edad y está llena de bondad y jamás se ha casado y nadie le conoce un oficio.

“He vivido toda mi vida, gracias a la virgencita. De pronto cuando estaba frente a ella, algo que no puedo explicar se apoderaba de mí y me obligaba a pedir y cuando pedía la Virgencita de Chapi me concedía el milagro. Cuando tenía 20 años edad y no tenía trabajo y no pude ingresar a la universidad, le pedí llorando que me regalara dinero como para vivir tranquila porque mis padres murieron en un accidente y la virgencita hizo que me sacara el apagón de un bingo que me sirvió para vivir tranquila como cuatro años. Toda mi vida se la debo a ella. Viví todo este tiempo gracias a la Virgencita de Chapi, ayudando al que no podía, enseñando al que no sabía. Pero la virgencita me castigó. Hace un año que no me concede ningún milagro y estoy triste porque siento que ella se ha alejado de mí y me estoy quedando sin nada para vivir”.

—¿Y por qué cree que no le concede milagros?

—Porque cometí el error de contarle los misterios de mi don a la chismosa que le pasó la voz a todos los vecinos del barrio y éstos fueron a la capilla a recriminarle a la virgencita y un devoto borracho se atrevió a tirarle una piedra. Yo sabía que no debía contar a nadie los milagros que ella me hacía, lo sabía no sé cómo pero lo sabía. Mal día ese que me dejé convencer por la chismosa.

—No sé qué decirte Martina Mallqui.

—No me digas nada. Solo quiero saber cómo puedo hacer para que ella me perdone. No puedo vivir sin sus milagros, no puedo vivir sabiendo que ella está ofendida conmigo. Ya le he pedido perdón de todas las formas.

—Le recomiendo que espere. Tenga fe.

—No puedo vivir así. Sola no soy nadie en la vida. Juro que no quería contar a nadie mi secreto.

—Tranquila.

—Estaré bien. Esperaré que la virgencita vuelva a confiar en mí.

Referencia
Propia



    El Escorpión

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