¿Por qué los planes de seguridad ciudadana no funcionan?

Apenas sucede un acontecimiento delictivo de trascendencia pública, los medios de información ejercen presión sobre las autoridades para que se tomen medidas drásticas a fin de poner término a la delincuencia, y los titulares de los organismos competentes corren a anunciar planes y la dación de leyes para resolver el problema. Sin embargo, dadas las leyes y ejecutados los planes, la inseguridad ciudadana sigue creciendo al paso de la proliferación de la delincuencia, cada vez más avezada y cruel.

| 07 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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La percepción de la delincuencia como un problema de falta de control policial, es el resultado de no ver la causalidad real de la misma, la cual no es producida por la pobreza y el desempleo como muchos piensan, sino por la condición moral de un pueblo.

Si fuera cierto que por la pobreza y el desempleo la delincuencia prolifera, entonces no habría ricos ni empleados delincuentes; por el contrario, en el Perú encontramos que las formas de delincuencia en que incurren estos son las que más ocurren al amparo de la ley.

Cuando vemos que el Estado impone un sistema de administración de justicia donde campea la corrupción, establece procedimientos cuya eficacia dependen de la posibilidad del ciudadano de ser parte del sistema de corrupción que opera en sus instituciones, podemos entender por qué no existe la percepción de que se castigará el delito y se garantizará el derecho del ciudadano honesto. Esta percepción hace que los que delinquen tengan la certeza de que saldrán librados de la justicia, y que los ciudadanos tengan un enorme temor de caer en ella.

La falta de seguridad entonces no deviene de la ausencia o deficiencia del control policial, sino de la propia condición moral de nuestra sociedad, que engendra delincuencia en todas sus formas y a todos los niveles de la actividad social.

Comprender esto, nos permitirá dirigir nuestros esfuerzos a cambiar la condición moral de nuestro pueblo, enseñarle por qué es mejor vivir conforme a principios y valores superiores que vivir de la manera en que lo están haciendo, mostrarle cómo hay una consecuencia entre corrupción y pobreza, y que la delincuencia es la manera de garantizarse a sí mismo y a su descendencia el seguir en condiciones de pobreza.

Aprender a vivir conforme a principios y valores de bien, verdad, justicia y dignidad, no es algo difícil cuando se enseña la directa relación que hay entre actuar bien y atraer lo bueno para sí y los suyos, y entre actuar mal y atraer lo malo. No hay mejor escuela de pedagogía social que los propios testimonios de personas que viviendo conforme a los principios de bien, todo les va bien, y por el contrario, aquellos que transgrediendo estos principios, todo les va mal. Enseñarles que los signos de éxito no son el tener riquezas, ni acumular bienes, ni disfrutar de las cosas que otorgan placer, sino el ser personas de bien, capaces de formar familias felices, de contribuir con el bienestar de su comunidad, desempeñando cualquier oficio o profesión que contribuya a su engrandecimiento.

Entonces dejaremos de pedir más policías y cárceles, más leyes y planes de seguridad ciudadana, o la cabeza de un líder policial, porque todos estaremos construyendo una sociedad de bien, libre de delincuencia, capaz de lograr sus sueños y vivir en paz.


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Beatriz Mejía Mori

OPINIÓN

Colaboradora