Los misterios de los regalos

La primera meta de un regalo es arrancar una sonrisa, una lágrima de alegría o un gesto de asombro. Y al menos un: “Está bueno”. Un regalo no es cualquier cosa. Si obsequias lo que te sobre no estás regalando. Así que piénsalo bien. Es mejor que no des nada. Déjalo ahí.

| 11 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 493 Lecturas
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El regalo tiene algunos misterios. Uno de ellos es que hace creer que el que regala se sienta generoso; pero ¿puede ser generoso alguien que otorga a un niño lo que le sobra? Otro de sus misterios es dar exactamente con lo que está esperando el que recibe el obsequio. Casi nunca ocurre.

Hay los que se pasan días y días buscando el regalo exacto y así el acto de obsequiar se convierte en una forma de sufrimiento. Esto le pasa mucho a los templados y, sobre todo, a las templadas que aún se emocionan con los versos.

Sé de una chica que con el fin dar con el regalo exacto para su enamorado había comprado 25 objetos de considerable valor con la tarjeta que su madre le había dado para cuestiones de emergencia. Le entregó el más costoso y el más extraño de los regalos que compró y se enamoró aún más cuando su amado le dijo al recibir el objeto: “A mí me basta mirar tus ojos. Gracias, amor. Ah, ya pagué tu tarjeta”.

Sé también de una mujer que recibió flores, botas, tarjetas, más flores y un celular y harta de tantas cosas le dijo a su amado: “Yo no quiero nada de estas cosas. Solo quiero que me obsequies un poco de tu tiempo”.

Los que nunca regalan, aman poco. Dar es una actitud de amor. Mamá, papá, la novia siempre te regalan justo lo que estabas esperando. Dan en el clavo porque te aman tanto que han llegado a conocerte. Si un regalo no te gusta mucho es porque el que te lo dio no te quiere como crees.


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