Los fantasmas de Chile

La ministra de Gobierno chilena, Carolina Tohá, ha dicho que “espera recibir una explicación” de la cancillería peruana por la ausencia de funcionarios de alto nivel en la recepción de la embajada de Chile en Lima.

| 20 setiembre 2009 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Estos chilenos no sé qué se creen. O qué se siguen creyendo.

¿Explicaciones de por qué su fiesta patria no estuvo muy concurrida?

¿Están cojudos?

¿Creen que es 1879? ¿Quieren volver a hablar con el traidor Mariano Ignacio Prado? ¿Van a volver a llamar a los ingleses pidiéndoles ayuda? ¿Desde qué islas guaneras llegan esas voces anacrónicas?

Que le pidan explicaciones a Piérola.

Y que le digan a la señorita Tohá que a su fiesta acudieron el señor Flores Aráoz, que va a cualquier sitio -incluido el ministerio de Defensa-, y el señor Luis Bedoya Reyes, que es como si dijéramos Jorge Alessandri pero mucho más momio y sin haber llegado nunca a la presidencia. O sea que se dé por bien servida.

Sabemos que el embajador del Perú en Santiago de Chile es un pelmazo, pero esperamos que haya recibido órdenes de Torre Tagle para que, en este caso, no nos represente.

Lo que le molesta a la señorita Tohá, que habla en nombre de la señora Bachelet (que habla, en este caso, en nombre de Pinochet), es que en aquella residencia medio vacía, donde sobraban los bocadillos y los mozos no sabían a quién servir el caviar ni a quién el escocés, empezaron a penar.

Penaban los fantasmas chamuscados de Chorrillos, los espectros blanqueados del morro, los repasados de San Juan de Miraflores. Y un vigoroso fantasma en cabalgadura galopó entre las viejas pellejas que hablaban de Piñera y de su próximo triunfo como presidente de Lan y de Chile.

Ese fantasma era el del mariscal Andrés Avelino Cáceres. Y olía agrio y tumbaba las copas y husmeaba en los escotes.

Porque con su histeria armamentista y su ira con pucheros ante La Haya –y la grosería de sus gestos cada vez más próximos a los de los asesinos de Allende- el gobierno de la Concertación (concertación con el pinochetismo sobreviviente) ha resucitado una memoria que no debía volver y un pasado que no termina de morir y unos fantasmas que trepan morros y otros que hunden monitores y otros, aún más indeseables, que entran a Lima y violan muchachas, roban libros y se llevan a Chile las estatuas de mármol que puedan jalar sus mulas.

Eso mientras Saga y Ripley siguen hundiendo a la industria textil peruana vendiendo como europeo lo que compran en China por toneladas. Y cobrando intereses de usura por la razón o por la fuerza.


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista