Los dolores de la tía Juana

La tía Juana era la única de las hermanas de mamá que había crecido en Lima. Había nacido en el inmenso hospital de Jesús María gracias a un viaje de urgencia de mis abuelos. El resto de mis tíos y tías nacieron en Cangallo y cuando llegamos a Lima en los ochenta, la tía Juana, quien era la mayor de todas sus hermanas, era la única soltera y la única que no había tenido hijos.

| 05 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 686 Lecturas
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Mi mamá, la última de cinco hijos, tenía ya tres hijos a los 24. Eran tiempos distintos en Cangallo en los que tener más hijos era un mérito, digamos. Es que nadie sabía que los terroristas iban a llegar al pueblo con sus pretensiones de locura. En fin.

La tía Juana, cuando llegamos, tenía ya treinta años de edad y vivía sola en una casa inmensa en San Borja y nadie quería hablar sobre las razones de por qué no se había casado ni había tenido hijos. Cierta tarde le pregunté sin temor porque yo tenía seis años de edad y sabía que ella no lo iba a tomar a mal: “¿Tía, por qué no tienes hijitos?”.

Me miró a los ojos y me dijo: “Eres malo, por qué me preguntas esas cosas”. Luego se puso triste y agregó: “Acompáñame”.

Me llevó a una heladería para informarme que ella sufría mal de amores y cada vez que se enamoraba en serio su vida se convertía en un tormento, tanto que llegaba hasta el hospital. “No sé por qué Dios me da esta prueba, hijito”, dijo.

Me contó que ella no podía enamorarse porque terminaba en el hospital. La primera vez que se enamoró, de un jovencito chalaco, le dio una fiebre tan alta que los médicos de la época no podían sosegar. La segunda vez tuvo que internarse en un hospital por tres semanas. Ella misma llegó a la conclusión de que se enfermaba después de enamorarse. “Es por eso, hijito, yo no pude tener hijitos porque siempre tuve que interrumpir el proceso de enamoramiento para curarme. Imagino que ahora no entiendes estas cosas porque estás niño todavía; pero en la vida pasan cosas que uno no puede entenderlas”, me dijo. Yo siempre le creí y siempre iba a verla al hospital cuando caía. Hace poco volvió al hospital. Me dijo que el causante fue, otra vez, aquel jovencito chalaco que quería casarse con ella.

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