Los dilemas de las izquierdas

El domingo 17 de marzo será recordado por Alan García, Luis Castañeda y otros revocadores, como el día en el cual, simplemente, perdieron. La idea de revocar a la alcaldesa Susana Villarán, para que se convoque a nuevas elecciones municipales y así lograr un paso importante al poner nuevamente a Luis Castañeda como alcalde de Lima, finalmente, fracasó. La respuesta de los limeños, junto con un trabajo realmente encomiable de partidos democráticos de izquierda y de derecha, ha impedido, por el momento, que las fuerzas mafiosas pongan los primeros cimientos para crear un escenario favorable a ellas en el 2016.

| 24 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
Los dilemas de las izquierdas
TRAS LA REVOCATORIA

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Sin embargo, lo primero que tienen que entender estas izquierdas es que este triunfo tiene varios “dueños”. En primer lugar la propia alcaldesa Susana Villarán que pese a tener casi todo en contra cuando se inició esta consulta, incluyendo una difamatoria campaña mediática que duró varios meses, logró remontar esta situación para, finalmente, impedir su revocación. Villarán era el blanco principal de los revocadores. Su derrota y la de sus regidores hubiese significado nuevas elecciones para alcalde de Lima que es, justamente, lo que buscaban, como prioridad, el Apra, Solidaridad Nacional y los fujimoristas.

El exalcalde, luego de su fracaso en las elecciones presidenciales, habría optado por ser el alcalde de Lima de un futuro gobierno de Alan García. Castañeda, en esta coyuntura, era el alfil de García. Quien tenía la obligación de abrir trocha y derrumbar la muralla (es decir, echar abajo al actual gobierno municipal) era el exalcalde. Su derrota, es también el fracaso del alanismo, de la cúpula aprista y del fujimorismo que de manera oblicua apoyó la salida de Villarán.
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En realidad, Luis Castañeda, que era una pieza importante en este proceso revocatorio, era al mismo tiempo, una pieza subordinada al juego de Alan García para el 2016. El exalcalde, luego de su fracaso en las elecciones presidenciales, habría optado por ser el alcalde de Lima de un futuro gobierno de Alan García. Castañeda, en esta coyuntura, era el alfil de García. Quien tenía la obligación de abrir trocha y derrumbar la muralla (es decir, echar abajo al actual gobierno municipal) era el exalcalde. Su derrota es también el fracaso del alanismo, de la cúpula aprista y del fujimorismo, que de manera oblicua apoyó la salida de Villarán.

Tiene razón la nota editorial de Otra Mirada (Nº 40) cuando afirma: “La realidad, sin embargo, necia como suele ser, nos dice que el afán revocador fue derrotado, que se queda la alcaldesa Susana Villarán, y que ello es una victoria de proporciones de la izquierda sobre la derecha bruta y achorada, que promovió la revocatoria para sacar a Villarán, siguiendo con su limpieza de izquierdistas de cualquier posición de poder en el Perú. Esta victoria coloca a la izquierda peruana mejor que un año atrás, cuando fue defenestrado el gabinete Lerner y la derecha aprovechó el creciente viraje conservador del gobierno de Ollanta Humala para afirmar y ganar posiciones, tanto ideológicas como políticas”.

Y si bien el triunfo de la alcaldesa Villarán es de una coalición de fuerzas donde destacan tanto partidos de izquierda como de derecha, cabe preguntarse qué hará esta izquierda con este triunfo que no solo la mantiene viva, sino que representa también una bocanada de oxígeno. No es extraño, por ejemplo, que los regidores de la Confluencia por Lima (bloque político integrado por Fuerza Social y otras organizaciones de izquierda) en la consulta del domingo pasado hayan obtenido más votos por el NO sin comparar con el voto de los concejales de otros partidos.

Sin embargo, lo primero que tienen que entender estas izquierdas es que este triunfo tiene varios “dueños”. En primer lugar la propia alcaldesa Susana Villarán que pese a tener casi todo en contra cuando se inició esta consulta, incluyendo una difamatoria campaña mediática que duró varios meses, logró remontar esta situación para, finalmente, impedir su revocación. Villarán era el blanco principal de los revocadores. Su derrota y la de sus regidores hubiese significado nuevas elecciones para alcalde de Lima que es, justamente, lo que buscaban, como prioridad, el Apra, Solidaridad Nacional y los fujimoristas.

Lo segundo, que si bien Susana Villarán no ha sido revocada, es bastante probable que lo sean los regidores de la Confluencia por Lima. Este hecho modificará la actual correlación al interior del municipio. Y si bien en esta primera etapa entrarán los accesitarios de Confluencia por Lima, la otra pregunta, importante en caso que hayan elecciones en el mes de octubre para elegir a nuevos regidores, es si el bloque por el NO, esta suerte de concertación entre partidos de signo ideológico y programático distinto, se mantendrá unida o si cada partido se presentará por separado en estas elecciones.

Tienen a su favor un programa que se ha venido desarrollando en estos dos últimos años, que hoy es consenso entre las fuerzas del NO y que, según lo han dicho todas las fuerzas comprometidas con el NO, se respetará. Sin embargo, no deja de llamar la atención el anuncio reciente de Somos Perú de presentarse solo en las probables elecciones de octubre.

Finalmente, sería un error, además de resultar prematuro, sostener que esta posible coalición del NO es una suerte de prolegómeno de las posibles alianzas con miras al 2016. Hay que recordar, como se puede constatar en nuestra historia reciente, que las lógicas políticas en los ámbitos locales no son las mismas que se desarrollan en el escenario nacional.

En el ámbito local, los electores o ciudadanos saben muy bien que la prioridad de aquellos que ganan deberá estar centrada en atender las demandas y problemas locales y no en los temas nacionales. Saben también que un alcalde o un municipio es poco lo que puede hacer en el ámbito nacional.

Por eso las identidades ideológicas y/o políticas se juegan más en las elecciones presidenciales, que en las locales. Quizás por ello, ningún alcalde de Lima, incluyendo a Luis Castañeda que logró altos niveles de aprobación, ha logrado convertirse en Presidente del país.

Por eso el reto que las izquierdas tienen por delante es sumamente complejo, más aún cuando su constitución como actor relevante de la política nacional pasa por crear una nueva identidad política de izquierda en las clases populares, así como una organización que los represente y articule.

El problema, a resolver por tanto, es cómo crear esta nueva identidad y organizaciones políticas de las izquierdas que siempre divide campos, entre amigos y adversarios, sin aislarse y derivar en una fuerza con mucha identidad, pero con poca organización y marginal en el país. En que se pueda resolver este dilema está, creo, el futuro de estas izquierdas.

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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino

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