Los desafíos del Ministerio de Cultura

El Ministerio de Cultura tiene un ámbito clásico que abarca la música, el cine, el teatro, la danza, los archivos, museos y bibliotecas; todo lo cual supone el reconocimiento y promoción de nuestra diversidad y de nuestra historia a fin de propiciar la integración nacional y la formación de ciudadanía. Pero, además, exige la protección de la propiedad intelectual, los servicios profesionales, los audiovisuales y las inversiones extranjeras en ese campo.

| 24 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
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Los desafíos, entonces, del actual Ministerio son la regulación de los servicios vinculados a las actividades culturales, los audiovisuales, la publicidad, la divulgación histórica, la biodiversidad y los conocimientos, que constituyen el filón más importante de los ingresos privados y públicos pues su explotación es hoy en día mayor que el ingreso por exportación de manufacturas.

La actividad cultural mueve la industria gráfica, el merchandising, las editoriales, la producción de discos y videos, incluso la actividad profesional y educativa. En tanto que las telecomunicaciones involucran servicios como los noticieros, reportajes que contienen sonidos, textos y datos de la información.

El Perú, se ha excluido ―por carencia de expertos y política― de intervenir en los foros internacionales sobre los servicios. El grupo latinoamericano, creado en febrero de 1990, del que no formó parte el Perú y que incluyó a siete países de otros continentes, reconocieron su potestad de regular los servicios culturales.

Los servicios están en el centro del desarrollo cultural y democrático de cualquier país y mantenerlos fuera del ámbito ministerial sería un error para la identidad nacional. Su implementación puede originar ciertos inconvenientes, como son las salvaguardias y el cumplimiento del principio de transparencia, debido a que las decisiones, sobre la programación y contenido, las adoptan las empresas transnacionales, con frecuencia a partir de inquietudes distintas al interés nacional.

Ello explica las reservas que mantiene la Unión Europea y, en particular, Francia, respecto a los audiovisuales. Incluso los organismos multilaterales han reconocido la facultad de los países a regular el acceso a los mercados de los medios de comunicación extranjeros por razones no necesariamente económicas. Y es que la comercialización de audiovisuales impacta en la cultura y de allí a la interferencia política no hay más que un paso.

Un Ministerio de Cultura moderno tendría que incluir estas competencias que posibilitarían la generación de recursos, evitando acudir al subsidio.

El aliento a la inversión en un mercado abierto, sin condiciones y sin precisión de los objetivos culturales, debe cuidar la forma de su explotación, a través de los servicios a fin de resguardar el accionar de las empresas peruanas prestadoras de servicios; pues el carácter transfronterizo de estos posibilita comercializar no solo imágenes del patrimonio nacional, sino los ingresos a los museos o los paquetes turísticos que pueden incluir textos, libros, audiovisuales, música e incluso presentaciones y conferencias.

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Aníbal Sierralta Ríos

Opinión

Columnista