Los derechos humanos están un poco torcidos

¿Sabe usted cómo se llamaban los dos pobladores que murieron en Espinar? Yo, tampoco. Sus nombres fueron pasados por alto y al igual que las 70,000 víctimas anónimas en su mayoría campesinos de los noventa y son evidencia que en el Perú hay personas que valen menos que otras tanto vivas como muertas.

| 11 junio 2012 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores |  1.8k 
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Hay peligro de que la muerte signada por la violencia o la discriminación se convierta en detalle irrelevante. Escuchamos azorados cómo algunos instan a aceptarlas como un hecho normal para hacer valer la “Democracia”, “el Estado de Derecho”, o “el Desarrollo”: “Lamentablemente va a tener que haber muertos”, “nosotros tenemos menos muertos”. A los muertos de Espinar podemos añadir la persistente cifra de feminicidios a la que parecemos habernos acostumbrado, como si fuera un dato del SENAMI.

Es preciso recordar, es imperativo no omitir. Si perdemos la capacidad de indignación ante la muerte violenta o al abuso que la acompaña, estamos dañando nuestra condición humana. Sociedades que toleran el desprecio o la muerte de los más débiles como un dato secundario no pueden preciarse de desarrolladas ni democráticas, aun cuando ostenten altas cifras de crecimiento económico, tengan un Congreso funcionando o cuenten con una Constitución vigente.

Las muertes recientes afectaron a personas que vivían en condiciones de pobreza. ¿En cual categoría estarán los muertos de Espinar según quienes los desprecian: podridos, congelados o incendiarios? Protestar contra la mina que contamina o defender los bofedales puede levantar discrepancias pero es legítimo y no justifica descalificar, denigrar o matar al que discrepa. La persistencia de la injusticia es el fantasma escondido tras la destrucción de nuestros lazos civilizatorios. Por ello no es casual ver que Mafalda, Chaplin y Michelle Bachelet coincidan en esta cuestión fundamental: ¨Cada vez están más torcidos los derechos humanos¨ (Mafalda), “si hay un Estado de Derecho que no garantiza derechos sociales, termina siendo un Estado de derecha” (Bachelet). “La codicia ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas” (Chaplin). Un Estado de Derecho es el que establece igualdad ante la ley y garantiza los derechos de las personas. Surgió para eliminar todo tipo de atropellos y limitar el poder del Estado imperial. Los derechos humanos constituyen originariamente su razón de ser. No son una cojudez.

Si nuestra educación logra mostrar “mapas de progreso” en matemáticas pero no educa en el respeto a la condición humana, habremos “progresado” muy poco. La capacidad de indignación ante la injusticia o el despotismo es una competencia fundamental a desarrollar al igual que lo es cultivar la convicción de que los seres humanos son titulares de derecho y no mendigos. Ellas inspiraron a Martin Luther King en Tengo un Sueño y a Charles Chaplin en El Gran Dictador.

Necesitamos una educación que alerte y sacuda a los estudiantes frente a situaciones de inequidad, iniquidad o degradación, donde al compás del estímulo a la lectura se logre no sólo que los estudiantes lean más sino que se conmuevan con los “Heraldos Negros” que nos manda la muerte en el Perú de nuestros días.

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Teresa Tovar Samanez

Teresa Tovar Samanez

A ojo de buen cubero