Los cálculos del Sí

¿Por qué Castañeda y García no dan la cara y se ponen al frente de la revocatoria y explican a todo el país que se proponen capturar la Municipalidad de Lima como trampolín para tomar el gobierno el 2016?

| 30 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Estoy seguro que es la misma razón que hace que el fujimorismo no se comprometa formalmente con el Sí, a pesar que casi todas las opiniones de sus cuadros públicos respaldan esa opción e insisten en el rollo de la “alcaldesa incapaz” que no debe terminar su período.

Creo que los tres líderes políticos de la extrema derecha peruana, también conocida como DBA, han elegido conscientemente el papel de ponerse lo más atrás de los impresentables de la revocatoria porque la ven como la parte sucia de su proyecto de retorno al poder.

Y prefieren que eso lo hagan personas del talante de Marco Turbio, Vidal, Linares, Vílchez, Fabiola Morales, el hijo de Castañeda y otros que no tienen nada que perder. Tal vez el único que no se dé cuenta del papel que está asumiendo es Mulder que va camino a terminar como un turbio más, que va graduándose en la especialidad de estos días que es mentir con impunidad.

La mayoría de revocadores profesionales va a reclamar su paga después de la faena y se van a ir readecuando en el escenario político. Marco Turbio todavía espera que en una eventual gestión Castañeda lo vuelva a contratar, pero el problema va a ser que va a estar mucho más quemado que antes.

En cambio el mudo y el ego colosal han planteado su ubicación de forma de no arriesgarse con el resultado. Ellos saben que todo el mundo los asocia en la empresa antivillaranista, de manera que no van a necesitar ninguna declaración pública en el próximo mes y medio para presentarse luego como ganadores en caso que el Sí prevalezca en las urnas.

En tal situación la actual primera línea de la revocatoria recibiría la misma invitación a abrir el paso que recibió Jesús Lora en su parte trasera el año 2004.

Pero si gana el No, lo seguro es que Castañeda y García mirarán a otra parte, con lo cual se consagrará el principio de que los líderes nunca pierden y solo están para la foto de la victoria.

Por supuesto que los fujimoristas se han dado cuenta que el exalcalde y el expresidente se han asegurado las butacas traseras de la puesta en escena de la revocatoria y ya no les han dejado sitio. De ahí que se hayan puesto aún más lejos de la zona de choque. Con eso están reubicándose como el sector menos pendenciero del Sí.

Aunque parezca paradójico, el fujimorismo le ha entregado el papel de autores de la iniciativa de desestabilización en Lima al APRA y Castañeda, con todas las consecuencias que esto puede arrastrar para el futuro, más allá del resultado del 17 de marzo. Si su cálculo es exacto, sus dos potenciales aliados van a sufrir mucho más desgaste que ganancia por efecto de la revocatoria.

Recogiendo la vieja frase de Piérola que tanto gustaba a Belaunde, los fujimoristas pueden decir que abstenerse es obrar. O lo que es lo mismo, que el ocultamiento de Castañeda y García, luce más evidente si los fujimoristas se distancian de ellos.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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