Los ascensos “conceptuales” de Torre Tagle

Se atribuye a Georges Clemenceau, cuando era Primer Ministro de la tercera república francesa, la frase: “Los funcionarios son como los libros de las bibliotecas: los que son colocados en los puestos más altos, son los que sirven menos”.

| 22 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Francia tomó en serio este juicio crítico de Clemenceau y en 1945 De Gaulle creó una excelente escuela de administración pública, conocida como la famosa ENA, donde se han formado varios presidentes, como el actual Francois Hollande, políticos, diplomáticos y muchos de sus distinguidos intelectuales. Francia tiene así, como toda nación seria, una administración pública fundada en la meritocracia.

Este no es el caso de la administración pública del Perú. Y en uno de los pocos reductos donde se valoraban los meritos, la Cancillería, la frase de Clemenceau adquiere nuevamente vigencia con el proceso surrealista de ascensos que ocurre, en este preciso momento, en nuestro servicio diplomático.

En América Latina, el Perú fue una de las naciones pioneras en profesionalizar la carrera diplomática, creando en los años cincuenta una Academia Diplomática y un plan de carrera que por muchos años atrajo a un significativo número de profesionales que hicieron de Torre Tagle una de las cancillerías más respetables de la región.

Sin embargo, esa tradición viene siendo echada por la borda desde hace ya varios años. El punto de inflexión se dio con el ilegal cese de Fujimori a los diplomáticos en la década de los 90. Pese a que este daño fue en parte reparado con la reintegración de la mayor parte de funcionarios cesados, no se hizo la indispensable reingeniería para restablecer totalmente el principio de la meritocracia.

Hubo algunos intentos para incentivar a los funcionarios al perfeccionamiento académico. Sin embargo, ello quedó como un mero principio decorativo, pues ahora al momento de decidir los ascensos prima la infame “nota de concepto” de una Comisión digitada por la Alta Dirección que no tiene en cuenta para nada los méritos profesionales y los esfuerzos de perfeccionamiento y las funciones académicas de los funcionarios.

Este año, además, como estamos viendo en la prensa, la arbitrariedad ha adoptado formas de lo más groseras. Funcionarios que estaban en los puestos más bajos por arte de birlibirloque han sido “subidos” en un santiamén a los primeros lugares. Por el contrario, los que por méritos profesionales estaban mejor colocados han sido bajados. En Torre Tagle parece que existe hoy un complot contra la inteligencia.

Curiosamente, un gobierno que se dice de la “inclusión social” es el que está asumiendo el triste papel de descerebrar la carrera diplomática. En vez de hacer una efectiva reestructuración para hacer que nuestra diplomacia se ponga a tono con las modernas tendencias de las relaciones internacionales y los desafíos geopolíticos y ecológicos que enfrenta el Perú en el siglo XXI, se va contra la corriente.

¿Ese es el gran cambio? No sé si el Presidente de la Republica está consciente del desaguisado que ocurre en Torre Tagle. Pero, más allá de especulaciones, lo cierto es que si se cristaliza esta situación el nuevo mentor de nuestra cancillería bien podría ser Clemenceau. Ya que Torre Tagle terminaría teniendo a los más inútiles en los puestos más altos y se convertía así en el reino de la mediocridad.


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