Lo mismo de siempre

La candidatura de Walter Gutiérrez a la Defensoría del Pueblo, como se dice, “ya fue”. El anuncio de Gana Perú y Perú Posible de retirarle su apoyo vuelve esta elección a fojas cero. Jaime Delgado, vocero de Gana Perú, ha dicho recientemente que seguirán evaluando otras alternativas y que seguirán conversando “para ver si hay nuevos acuerdos”. Gutiérrez, por decir lo menos, es un personaje cercano al Partido Aprista Peruano. El año pasado, este mismo partido también promovió a Gutiérrez para ocupar el mismo cargo y tampoco logró el respaldo necesario en aquella oportunidad.

| 18 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 997 Lecturas
Lo mismo de siempre
DE LA TRAGEDIA A LA COMEDIA
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Sin embargo, más allá de este hecho, importante por cierto, cabe preguntarse qué y cómo se está negociando no solo la candidatura para Defensor del Pueblo sino también la de los seis miembros del Tribunal Constitucional y la de los tres directores del Banco Central de Reserva, todos cargos importantes que deben ser votados y elegidos por el Congreso.

En realidad este proceso no es un asunto menor. Lo que viene sucediendo es el intento por “partidirizar” estas y otras instituciones públicas, sobre todo aquellas relacionadas con la justicia en todas sus variantes y con los derechos ciudadanos. Ello, es un grave atentado a la consolidación institucional de la democracia y un guiño al autoritarismo.

Si no, analicemos lo que ocurre con la revocatoria a la alcaldesa Susana Villarán y a los regidores metropolitanos de Lima, para darnos cuenta cómo un proceso democrático es desfigurado y llevado al absurdo por un Jurado Nacional de Elecciones (JNE) que se ha mostrado complaciente y parcializado en todo momento con los revocadores.

Al JNE no le ha importado el irregular proceso de recolección de firmas ni el oscuro financiamiento que estos han recibido; como tampoco le ha importado al Congreso la participación igualmente oscura y solapada de algunos parlamentarios y partidos durante el proceso.

Lo mismo se puede decir de la interesada y vergonzosa sanción al parlamentario Javier Diez Canseco (JDC) en el Congreso. En verdad, no me extraña el comportamiento del Apra, del fujimorismo, de Solidaridad Nacional ya que son partidos, por lo general, asociados a la corrupción, a las mafias y a la derecha autoritaria. Pero sí sorprende el pobre papel que ha jugado la mayoría de congresistas nacionalistas en este caso.

Es lamentable que parlamentarios del nacionalismo hayan votado por la sanción a JDC, o se hayan ausentado o abstenido. Es obvio que los nacionalistas han votado siguiendo órdenes que venían de afuera (se comenta de una reunión del coronel Villafuerte con la bancada nacionalista para exigirles el voto en contra de JDC); con esta acción el nacionalismo ha cruzado el Rubicón.

Sin embargo, sería un error pensar que se trata solo de una simple venganza, muy torpe y baja por cierto, es algo peor: el nacionalismo tiene ahora como socios en el manejo del poder al Apra, al fujimorismo y a Solidaridad Nacional. Dicho en términos más simples: ha entrado a la puja con estos y otros partidos para definir quién encabezará a la derecha en el 2016. Me pregunto si una candidatura presidencial vale tanto como para matar definitivamente las esperanzas de cambio de la mayoría de peruanos y peruanas.

No me extraña que en este contexto el fujimorismo acreciente su presencia política, que los medios de comunicación impongan las agendas públicas, que las mafias avancen y que las propuestas autoritarias ganen terreno. El indulto a Fujimori es la “prueba ácida” que hoy nos quieren imponer estos sectores. Ello ocurre cuando al frente está un gobierno no solo frágil, que retrocede frente a cualquier presión, sino también frente a uno que ha optado por girar hacia la derecha.

Por eso creo que lo que se viene es una creciente derechización de este gobierno. Y si bien se puede decir que el continuismo económico es la señal de este nuevo camino, también cabe preguntarse por las características de esta derechización.

Como sabemos, el neoliberalismo y sus representantes no son “amantes” de los consensos y mucho menos de compartir el poder. Dicho de otra manera: son enemigos de la democracia, entendida esta como la creación de nuevos espacios para avanzar en la reconquista y conquista de viejos y nuevos derechos civiles, sociales y económicos.

Si la escena continúa así lo más probable es que nos enfrentemos, en el mediano plazo, a una crisis política cuyas expresiones serán un mayor deterioro del gobierno, de los partidos, de las instituciones del régimen y una mayor polarización política, como también al aumento de la represión y de las demandas por un orden autoritario.

Y si bien ya conocemos este libreto, lo que hay que decir, repitiendo a Marx, es que la primera vez fue una tragedia y que una segunda vez sería una comedia. Sería como pasar de Alberto a Kenyi.


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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino