Lo descubrieron

Entendía perfectamente los misterios de la geometría, trigonometría, álgebra y aritmética; enseñaba matemática avanzada en un instituto selecto para jóvenes de inteligencia superior cerca de su enorme casa; estudiaba con dedicación la biología y otras ciencias y, en su jardín, tenía una colección gigante de aves exóticas. Vivía solo, escuchando casi siempre música clásica por las tardes y a todo volumen. Hablaba poco, solo con algunos amigos, y siempre era visto con buenos ojos. La gente del barrio decía que era un gran hombre de modales refinados y que hacía bien al barrio su llegada. Las mujeres rogaban para que el hombre se fijara en sus hijas. Las familias jóvenes siempre lo escogían como padrino de su primer hijo y era considerado el vecino ejemplo porque cumplía con pagar todos sus impuestos y no le debía a nadie. El vigilante de la cuadra estaba muy agradecido con él porque le daba trabajo a su hijo de quince años de edad. Hasta la vecina más chismosa del barrio, que lo sabía todo, dijo: “era muy bueno, muy bueno”, cuando la Policía confirmó que Ernesto Antara era un peligroso asesino serial.

| 08 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 525 Lecturas
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Era el responsable de la muerte de los tres buenos estudiantes en el sur que habían desaparecido misteriosamente uno tras otro; había matado al hijo de una madre soltera que lloró hasta los últimos días de su vida porque aquel muchacho era bueno en matemática y muy generoso en todos los sentidos; era el culpable de la muerte del ganador de un concurso de matemática que había llegado a la capital desde un pueblo lejano. Antes de llegar al barrio, en el extranjero, donde vivió hasta que cumplió los 35 años de edad, había matado a 45 estudiantes en diversos lugares y era posible que esa cifra era apenas un acercamiento al número real de sus muertos.

La Policía lo capturó cuando en el jardín de su casa, cerca de su colección gigante de aves exóticas, estaba dibujando la cara del hijo del vigilante que los sábados por la tarde lo ayudaba con algunas labores domésticas. Lo capturaron un viernes por la tarde. En su sala encontraron una pistola cargada y en el jardín encontraron un hoyo como para enterrar a un adolescente.


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