Llegó la banca china de desarrollo

Los bancos chinos están reemplazando al Banco Mundial y el BID como los principales prestamistas en varios países latinoamericanos. Si bien es un nuevo flujo de capitales entre países del sur, no debe caerse en la ingenuidad de pensar que no encierren problemas.

| 25 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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La llegada de préstamos chinos hacia América Latina ha crecido espectacularmente. Entre 2005 y 2012 sumaron por lo menos 85 mil millones de dólares, superando a la asistencia sumada del Banco Mundial y el BID.

Sus brazos financieros son los llamados “bancos políticos” (Banco de Desarrollo de China y Ex-Im Bank), que funcionan como instrumentos directos del gobierno, y los “bancos comerciales” dedicados a las empresas (Banco de China, Banco de Construcción, Banco Agrícola y Banco Industrial y Comercial).

El mayor volumen de préstamos se concentra en Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela. La mirada política es evidente, y por ello no puede sorprender que Perú recibiera su primer préstamo chino con Humala presidente. Incluso llegaron a ser prestamistas de última instancia cuando Argentina, Venezuela y Ecuador no lograban colocar deuda externa.

Pero hay unos cuantos mitos sobre esa asistencia que deben ser despejados. No es cierto que los préstamos chinos sean más baratos que los de otros bancos internacionales, como el BID o Banco Mundial. En realidad cobran intereses más altos. Por ejemplo, la tasa aplicada a los argentinos estuvo 600 puntos por encima de la referencia de la Libor.

Muchos préstamos están atados a exigencias de compra de productos o servicios de la propia China, como pueden ser sus trenes o equipos petroleros. Más recientemente, los préstamos son a cambio de un flujo de materias primas a mediano plazo. Se otorgaron préstamos por petróleo, por 44 mil millones con Venezuela, al menos 10 mil millones con Brasil, y 5 mil millones con Ecuador.

Los estándares sociales, ambientales y de información pública son bajos o inexistentes, por detrás del Banco Mundial o el BID. Esa opacidad no es criticada por los gobiernos del sur, sino que la aprovechan.

Estos ejemplos muestran que si bien la diversificación de la financiación puede ser una buena cosa, se debe estar alerta para no volver a caer en los viejos vicios de los bancos internacionales.


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Eduardo Gudynas

Globalización con equidad