Liderazgo disminuido

1.- Siempre se ha dicho, con razón, que la política es antropomórfica; feo calificativo para describir el hecho natural de la identificación de un proyecto político con sus figuras más representativas. Y si el proyecto político logra su asentamiento en la historia, de igual manera serán reconocidos sus gestores o conductores. A propósito, ya Plejanov nos recordaba que, en ciertas circunstancias “los individuos pueden influir en el destino de la sociedad”.

Por Diario La Primera | 04 jun 2012 |    

2).- Pero, un verdadero líder es aquel que además de conducir un proyecto político genera entusiasmo y fervor en las multitudes que lo siguen. Esto se ha dado en la historia de nuestro país cuando han coincidido en una misma persona las cualidades de producir ideas nuevas y su lucha indesmayable, y sacrificada, por plasmarlas en la realidad. Mariátegui y Haya son los paradigmas en esta lucha por construir una verdadera democracia.

Pero, también sin contar con los anteriores atributos, un político, candidato o no, puede tener la cualidad de conquistar el afecto de la gente. En estos casos se habla que tiene carisma. Así, los verdaderos líderes siempre son carismáticos, aunque hay personas que son carismáticas pero no llegan a ser considerados líderes ¿Por qué? Porque el carisma se le agota rápidamente cuando la gente descubre que se comporta de una distinta manera cuando toca la guitarra que cuando toca el cajón. Entonces, la desilusión de sus seguidores empieza a extenderse de manera contagiosa como la gripe en invierno. En estos casos, cuanto más afecto conquistó y más ilusiones generó, sucede que cuando empieza a tocar el cajón crece la desesperanza y el resentimiento de quienes creyeron en él. ¡OJO! que son factores que corren a favor de un ánimo violentista; después no hay que lamentarse y querer echar la culpa a ideologías extremistas.

3).- Los verdaderos liderazgos son aquellos que se generan en la lucha. Por cambiar las cosas, a favor de los humildes y desposeídos. En realidad, no tiene mucho mérito enfrentarse (combatir, para algunos) a la protesta de los de abajo, aunque hayan excesos, algunos provocados, y tomar éstos como pretextos para planear derrotar a la legítima protesta. El mérito es atreverse a luchar contra los intereses de los de arriba, de los que siempre fagocitaron la democracia a favor de sus turbios negocios y prebendas conseguidas mediante la corruptela de funcionarios, civiles y uniformados.

4).- De otro lado, es difícil concebir el nacimiento de un nuevo líder cuando se plantea como objetivo central la continuación de las políticas de sus antecesores. Como dice el vals “toda repetición es una ofensa” pero, además, en la política de nuestro país, no ilusiona a nadie. Es que mantener el status quo a favor de los poderosos de siempre ¿qué mérito tiene?

5.- Una situación como la descrita genera desánimo entre sus seguidores. Se comprenderá, entonces, por qué las bases partidarias son manejadas a punta de directivas de la cúpula. Y también por qué hasta en la bancada de congresistas se tiene que poner al voto la “lealtad al líder” antes de iniciar alguna discusión interna.


    Carlos Tapia

    Carlos Tapia

    Opinión

    Columnista