Leer bien o leer mal las tendencias internacionales

Una equivocada percepción del fenómeno global puede llevar a decisiones políticas internas y externas con altos costos. En política internacional es indispensable la buena lectura de las tendencias y características del sistema internacional. De otra forma se pueden tomar decisiones sobre hipótesis irreales. Y, dependiendo de las áreas de decisión, las consecuencias pueden ser irreparables. Toda administración de política exterior, en principio, debiera tener una aproximación de sintonía fina de la relación existente entre el medio internacional en el cual actúa (en nuestra época el sistema internacional global) y sus opciones de política exterior (el ejercicio de la soberanía nacional).

| 29 diciembre 2008 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 546 Lecturas
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Existen dos falsas percepciones que la razón aconseja evitar. La primera es aquella que considera que los intereses nacionales se diluyen con la globalización o incluso desaparecen. “Ya no existen intereses nacionales, sino intereses globales”. La segunda es la contraria, “la única realidad del sistema internacional es la soberanía de los estados y, si se tiene la voluntad política, la soberanía lo resuelve todo”. Ambas apreciaciones son falsas. Son más expresiones ideológicas que diagnósticos de la realidad.

La falacia de la irreductibilidad del Estado soberano supone que la soberanía es una trinchera desde la cual todo se puede intentar. La falacia de la globalización sin soberanía corresponde a una visión candorosa de la política internacional que supone que los estados están por desaparecer o que, en la modernidad, se guían sólo por intereses universales o globales. La prueba empírica demuestra lo contrario. La globalización se da en una sociedad internacional que sigue estando, principalmente, formada por estados soberanos. Incluso cada vez se crean más estados.

La realidad es distinta. Ni la globalización diluye directamente la soberanía, ni la interacción de soberanías es toda la realidad del poder internacional.

La política exterior del presidente García en sus dos gobiernos ha incurrido, hecho curioso, alternativamente en ambas falacias. Con altos costos para los intereses nacionales. En el primer gobierno, cuando empezaba la mundialización y los no alineados dejaban de tener vigencia, en lugar de negociar el ajuste estructural se “descubrió” el no alineamiento quince años tarde y se recurrió a la política del “perro muerto” sobre la deuda externa. Las consecuencias fueron desastrosas. Ahora, cuando ya caducó la visión global neoconservadora, se asume el globalismo transfronterizo y se diluyen las variables nacionales. ¿El resultado? Extravío del referente nacional, aislacionismo y marginalidad peligrosa del Perú en el escenario latinoamericano.

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Manuel Rodríguez Cuadros

Opinión

Columnista