Lecciones que deja Chehade

Una de las lecciones que el Gobierno debe aprender sobre el espinoso caso que ha dejado mal parado a Omar Chehade, es que ante hechos similares debe reaccionarse lo más pronto posible, para deslindar ante los sospechosos, y hacerlo con energía. Se hace política o se hace collera. ¿Acaso la gran transformación puede esperar?

| 23 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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No puede ser que este caso, que tiene que investigarse hasta llegar al fondo del asunto, esté en la agenda siete días seguidos. De pronto hay una sensación de que la agenda es ir de escándalo en escándalo, mientras sigue la espera por la llegada del cambio por el que votó la gente.

El caso Chehade es el misil más duro que ha recibido el Gobierno y es una pena que el segundo vicepresidente no lo vea así y haya permitido que el Gobierno se vea perjudicado día a día como consecuencia de su defensa, que ha generado más sospechas. Mientras los días pasan, Chehade parece en situación más difícil.

En fin. Chehade parece ser de esos que no entienden que no todo se arregla con palabras y coartadas más o menos consistentes.

Algunos hubieran querido más dureza con Chehade. Otros dijeron que está bien eso de respaldar las investigaciones, aunque hubieran preferido más celeridad.

Es curioso que, pese a lo que ha sido al menos un grave error de Chehade, el aprovechamiento con mala leche del aprofujimorismo y de una prensa hostil que mantiene en pie los odios de la campaña electoral, la imagen y aprobación del presidente Ollanta Humala no se haya venido abajo.

Hay en cierta forma confianza en él, hay todavía esperanza en todos lados, en que es el indicado para realizar el cambio con inclusión social.

Hay quienes dice que a veces parece más amigo de los derechistas, parece cerrarle las puertas a los de la izquierda. Parece. En realidad es un hombre que trata de dar los pasos con la mayor serenidad posible, con la ilusión de no resentir a nadie. No es mala la idea. Pero cuidado que eso puede llevar a que los dos lados se resientan.

La calle dice que no la está haciendo mal; la derecha podría estar feliz y la izquierda se mantiene a la expectativa. Digamos que Ollanta sabe lo que hace y está aprendiendo a gobernar más rápido de lo se pensaba. Apenas va tres meses y ya hay resultados.

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Paco Moreno (Editor)

Enfoque

pmoreno@diariolaprimeraperu.com