¿Las ratas pueden hablar?

Corrupción también es defender a los violadores de derechos humanos y a los asesinos en serie de las fosas comunes.

Por Diario La Primera | 09 oct 2008 |    

Y eso es lo que ha hecho el doctor Alan García ayer, dizque recordando a Miguel Grau (el héroe generoso que no se ensañó ni siquiera con el enemigo de la patria invadida).

“¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando el maltrato judicial a nuestras Fuerzas Armadas, las que nos salvaron del peligro del terrorismo?”, preguntó el doctor García.

La pregunta implica una mentira del tamaño de un Mirage y del peso de una casa en Naplo. Porque no son las Fuerzas Armadas las que sufren acoso judicial y escrutinio de las organizaciones nacionales e internacionales defensoras de los derechos humanos.

Las Fuerzas Armadas del Perú no pueden confundirse con el Comandante Camión, los psicópatas de Putis, el sanguinario Telmo Hurtado, los rematadores del Frontón, los “vencedores” de La Cantuta y los “húsares” de Barrios Altos.

El doctor García ha insultado a las Fuerzas Armadas peruanas, de las que es, por mandato de la Constitución, comandante supremo.

Y el comandante supremo que enloda a sus subordinados bien podría ser tratado de traidor.

¿Y por qué ha escogido el doctor García el aniversario del combate de Angamos para equiparar a los enterradores de Cayara con los que han honrado el uniforme venciendo a las hordas de Guzmán sin necesidad de matar niños, ancianos, mujeres embarazadas?

Porque lo del Frontón no prescribe y porque las investigaciones forenses sobre el caso Accomarca siguen en pie. Y el doctor García quiere escudarse en las Fuerzas Armadas para su propia ley del punto final. No vaya a ser que la justicia internacional haga lo que la nuestra no se atreve y resulte que él y el almirante Giampietri –su vicepresidente y “héroe” del Frontón- sean requeridos en San José para los descargos de ley.

El doctor García está muy indignado con el asunto del lobby petrolero. Y cita a Jesucristo y recita a Dios y habla de los infiernos y los dientes que allí chirrían en dantesco bruxismo.

Pero enseguida defiende a los asesinos que él permitió y hasta instigó durante su primer gobierno.

Y se cree muy ético cuando toma distancia de los León y de los Químper pero no toma ninguna de los canallas que, con sus abusos, casi nos hacen perder la guerra con Sendero.

E insulta al ejército de Bolognesi y a la marina de Grau y a la fuerza aérea de Quiñones diciendo que la justicia embiste a las instituciones militares.

No, doctor García. Las instituciones estarán tranquilas y limpias si usted no las mezcla con sus vergüenzas ni las confunde con sus peores sombras. Porque decir que los Martin Rivas representan a las Fuerzas Armadas es como decir que Moisés Wolfenson representa al empresariado periodístico y que Rómulo León encarna al aprismo de base.

Además, el doctor García ha merodeado el crimen con más temeridad que en otras ocasiones cuando ha insinuado que el linchamiento de los sediciosos hermanos Gutiérrez –asesinos del presidente Balta en el siglo XIX- es casi un precedente de “justicia popular”.

“A veces dan ganas de que el pueblo se tome la justicia por su cuenta”, ha dicho el doctor García en un ataque de retórica neanderthal. Y ha hecho recuerdo colorido de los hermanos Gutiérrez aporreados, mutilados y colgados.

¿Qué le pasa al doctor García?

¿Está muy nervioso por lo que puede descubrirse? ¿Es que las ratas pueden hablar y una de ellas –rata de bodega pesquera- ya lo ha amenazado con contar algo de las viejas travesías?

En todo caso, cuando el país merecería más que nunca serenidad y buen gobierno sale el doctor García a honrar a los sin honor y a recordar -con nostalgia- el salvajismo que sólo horror debiera producir.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista