Las mentiras del TLC y la sangre en la Amazonía

Ahora se ha empezado a decir que entre los culpables de la severa derrota del gobierno en el asunto de la selva se encuentra la sobrevalorada ministra de Comercio Exterior, Mercedes Aráoz, que exageró las consecuencias de la derogatoria de los decretos para el TLC, poniendo al régimen en un disparadero: o echaba a perder lo que las encuestas todavía dicen que es su mayor logro, o se mantenía intransigente hasta el final ante el reclamo de los pueblos amazónicos.

| 21 junio 2009 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 806 Lecturas
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Algo por el estilo fue lo que pasó con Kuczynski durante la revuelta arequipeña contra las privatizaciones, en el 2002, cuando el polaco afirmó que no privatizar podía ser el fin del mundo, pero cuando aquel gobierno dio marcha atrás, declaró que había otras alternativas, y se quedó de ministro. No es la primera vez tampoco que se descubre a Aráoz en mentiras. Por ejemplo, aquella de que si no firmábamos el TLC, aceptando las condiciones de la otra parte, nos quedábamos sin APTDEA porque no iba a prorrogarse. Y se ha prorrogado hasta el día de hoy.

Y, la peor de todas, haber metido en el paquete del TLC todas las medidas reclamadas por la gran empresa y redactadas por ellas mismas a través de sus estudios de abogados, con el cuento de que la privatización de puertos, las cuotas pesqueras, el destino de los bosques, las votaciones en las comunidades, las penas de cárcel para los piratas de software, la reforma de instituciones públicas, tenían que ver con el comercio con Estados Unidos. Visto este balance, además, uno podría hasta preguntarse: ¿quiénes han sido los desinformadotes de esta historia; los que hicieron creer una cosa que era otra? ¿Fue el rudo Chávez, el chato Morales o la ministra de Comercio Exterior de inocente sonrisa?

Si alguien revisa las cuentas del Perú con Estados Unidos en este año de vigencia del TLC se encontrará obviamente con que estamos atravesando la mayor caída en veinte años, contra todo pronóstico. Se dirá que es la crisis. Pero los fanáticos del acuerdo aseguraban en el debate previo que era imposible que hubiera crisis en la primera potencia del mundo. O sea apostaban sobre seguro. Pero la pregunta clave es: ¿y si no estamos vendiendo más, sino mucho menos a yanquilandia, y la perspectiva es que esto no mejorará por un buen tiempo, qué han estado defendiendo Aráoz con sus mentiras, Simon con su mecedora y Cabanillas con su policía?

Es obvio, no lo hacían por “todos los peruanos”, el empleo, el crecimiento o siquiera por los intereses de los exportadores nacionales, como se ha dicho. Eran mentiras. Son intereses mucho más concretos, puntuales y de gran billete los que han marcado la pauta de la tragedia. Y junto a García, hay una lista de ministros que se han prestado a este juego que resultó siendo macabro.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista