Las Malvinas son argentinas

La decisión del canciller Rafael Roncagliolo de cancelar la visita de un buque de guerra británico, cuya presencia es parte del esquema colonial impuesto sobre las islas Malvinas, ha generado una fuerte reacción de ciertos sectores de la derecha parlamentaria.

| 21 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Con un lenguaje confuso y altisonante sobre un “papelón internacional” y un aparente desacato al Congreso que ya había autorizado la visita de la fragata, quieren generar un conflicto del Perú con Gran Bretaña, que llegue al nivel de afectar las inversiones de ese país.

Toda esta situación llama la atención porque estamos a pocos días del aniversario de la infausta guerra de Las Malvinas de abril de 1982. En ese entonces la dictadura del general Leopoldo Galtieri, acosada por las movilizaciones democráticas, decidió dar un salto de garrocha para subir su popularidad, declarándoles la guerra a los ingleses. El 2 de abril de ese año ocupó con 10 mil soldados pobremente armados y mal entrenados esa porción insular que le fuese arrebatada por el imperio británico en 1833. La respuesta de Margaret Thatcher fue demoledora.

Pese a estar a trece mil kilómetros de distancia, la flota real y sus poderosos portaviones, dotados con la última tecnología y su soldados entrenados por la tradición colonial, algunos sacados de las leyendas victorianas, como los gurkas degolladores, acabaron en poco tiempo con la resistencia.

Tomaron presos a todos los ocupantes, hundieron al General Belgrano y ahogaron el orgullo de los militares argentinos. Las 300 millas de distancia de sus costas les sirvió de poco ante el impresionante despliegue del viejo imperio.

Esa victoria no les dio la razón en absoluto. Las Malvinas son uno de los pocos territorios sometidos al comité de descolonización de las Naciones Unidas y tarde o temprano se generará el consenso para acabar con estos rezagos del siglo XIX. El Perú, como casi todos los países de América Latina, tiene una posición muy clara en el tema y la historia registra la decidida y firme actitud del presidente Fernando Belaunde Terry, quien envió a nuestros pilotos al combate con Mirage y cohetes.

La presidenta Cristina Fernández ha replanteado correctamente el tema y la solidaridad continental esta vez no tiene fisuras. El presidente Sebastián Piñera, en actitud que lo enaltece, ha corregido la traición del dictador Augusto Pinochet y ha abrazado la causa argentina.

Resulta, pues, enojoso que un pequeño grupo de derechistas exaltados sean ahora los viudos de Pinochet. Hasta confunden a Unasur con el Alba, en una mezcla cantinflesca de frases.

Ha hecho bien nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores en suspender esa visita. Si hubo en algún momento una mala interpretación de algunos burócratas, pues el tema ya se superó. Las Malvinas son una piedra en el zapato de la integridad y la independencia del continente, un viejo resabio del colonialismo obsoleto, que ofende las relaciones internacionales entre naciones soberanas.


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