Las izquierdas y GANA PERÚ

Es interesante apreciar la discusión que en nuestro país se viene desarrollando acerca de la reconstrucción de las izquierdas, los problemas de su unidad, la afirmación más programática que ideológica, la relación entre el gobierno y el poder, el mercado y el estado, la inclusión y el nuevo sentido de la democracia, etc.

| 25 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Guardando las distancias, pareciera tener la misma trascendencia que las discusiones de las izquierdas durante los años 70 y 80 del siglo pasado acerca del camino de la revolución. Aunque estas eran las discusiones propias de la crisis terminal de las tesis copiadas del exterior, acerca del marxismo-leninismo o revisionismo, y que cubrió la principal polémica en la década de los años 60. De ahí que las discusiones -alejadas de la realidad- acerca de la violencia armada o camino electoral, partido de cuadros o partidos de masas, reformismo o revolución, etc, culminaron en una gran derrota estratégica, por falta de lealtad con la democracia ante la amenaza senderista, la ruptura de Izquierda Unida, el triunfo de Fujimori y la hegemonía del extremismo neoliberal.

Sin embargo, cuando se escriba autocríticamente esta fase de la historia de los partidos de izquierda, recién se podrá valorizar en su cabalidad el esfuerzo de sus militantes y cuadros que se expresó en la defensa de los derechos de los trabajadores, el impulso al movimiento campesino y la lucha por el retorno de la democracia durante 1977-1980, entre otros importantes logros.

Ahora, afirmando la necesidad de construir un estado para todos, una economía inclusiva y una sociedad de verdaderos ciudadanos, el programa a favor de la transformación del país dejó de ser una discusión aislada de la realidad y Ollanta lo convirtió en una gran victoria popular. En este caso, aunque con reflejos variados, las izquierdas han sabido reconocer en el liderazgo de Ollanta y su propuesta de concertación nacional, la apuesta estratégica hacia la convergencia con todos aquellos sectores dispuestos a construir un país más justo y soberano.

El derrotero, por lo tanto, ya está claro. El gobierno de concertación nacional, patriótico, democrático y de base popular, es en esencia el nacimiento de un nuevo poder, que disputa la hegemonía con el viejo y tradicional que tratará que el país regrese a un modelo de crecimiento primario exportador, sin inclusión y a favor de una minoría de privilegiados. Así, pues, no hay lugar para discusiones alejadas de la realidad; de sus retos y amenazas que se inscriben en la necesidad de luchar en democracia, desde el gobierno y fuera de él, por convertir la mayoría electoral en una sólida mayoría política para asegurar que el triunfo alcanzado se convierta en el inicio de un nuevo curso histórico para el país. Mayoría política que sea expresión del tránsito del consenso pasivo logrado hacia un consenso movilizador de las voluntades a favor del cambio.

El partido nacionalista, como fuerza principal, los partidos de izquierda, el colectivo CxC y los movimientos políticos regionales, tienen la responsabilidad de llevar la confluencia de GANA PERU a buen puerto, convirtiéndola en una organización política de nuevo tipo (¿partido-frente?), con un programa alejado de todo dogmatismo, con democracia interna, actitud fiscalizadora y portadora de una ética militante que excluya la práctica del clientelismo y el aprovechamiento personal. Y que sepa estrechar fuertes lazos con los movimientos sociales.

Ya no valen las excusas justificatorias para la abstención política y tampoco para el sectarismo. Necesitamos unirnos para vencer los difíciles retos que se cobijan al interior de la nueva realidad política del país.

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Carlos Tapia

Opinión

Columnista