Las huelgas duras

La crisis política del gobierno Humala tiene su punto de partida en el conflicto por la redistribución de los frutos del crecimiento económico y en los impactos ambientales y sociales de esa misma expansión de la economía. Las huelgas de los maestros y médicos han tenido sin embargo un componente adicional: su extrema dureza, que los aleja de experiencias previas en las que los dirigentes transaban después de una primera medición de fuerzas y se cogían de las concesiones que podían arrancar con la presión inicial. Lo de Conga y Espinar, a su manera, es parecido, ya que aquí también los conflictos han sido largos y duros y no se han aplacado con las ofertas de solución parcial. En Cajamarca, en particular, sorprende que se mantenga incólume la bandera de que el gobierno firme que nunca habrá Conga y la oposición directa a la construcción de los reservorios, que en otras circunstancias conducirían a un callejón sin salida.

Por Diario La Primera | 15 oct 2012 |    

Visto en perspectiva se puede decir que la gente está expresando un cansancio por muchos años de postergaciones (prácticamente toda la década de los 2000), una conciencia de que hay un reparto que favorece a otros y no a ellos, y una experiencia de acuerdos anteriores que resultaron en compromisos incumplidos que están en la memoria de los trabajadores y la población. Pero hay algo definitivamente nuevo que es el resentimiento con Ollanta, esa sensación picante de que dieron lo suyo para que el comandante llegara a la presidencia y fuera un aliado desde el poder para alcanzar una mejora más o menos inmediata, y que luego fueron echados a un lado, mientras se construían las nuevas alianzas con las que hoy se dirige al país.

En el proyecto de mantener el crecimiento y el ambiente de las inversiones, mientras se despliegan programas sociales focalizados en zonas de pobreza crítica, no hay un lugar claro para los grandes contingentes profesionales y laborales que son remunerados por el Estado, ni hay tampoco un replanteamiento de los proyectos extractivos que están por empezar para que tomen en cuenta el punto de vista de las comunidades y de las regiones. Está en el diseño mismo del esquema de gobierno de Ollanta Humala el aceptar los compromisos ya firmados con la gran inversión como inmodificables y solicitarles fondos adicionales para la ayuda social. Los conflictos duros son una respuesta de los sectores que aparecen no considerados en ese planteamiento. La combinación más explosiva que se tiene actualmente a la vista es la de la cólera y la frustración por la victoria burlada y la ausencia de conceptos claros en el gobierno sobre cómo responder a las demandas laborales, sociales y ambientales, en la lógica que se estableció para el ejercicio del poder.

El gobierno de Humala ensayó entre el 28 de julio y el 10 de diciembre del 2011, las posibilidades de un diálogo y compromisos con los protagonistas de los conflictos que empezaban a insinuarse; alguien sin embargo quiso hacer volar esta opción y poner otro orden de prioridades. Ese fue el significado de “Conga va” y del nacimiento del gabinete Valdés, que representaba la mano dura, que dispara primero y negocia después sobre algunos muertos. Ahora el gabinete Jiménez expresa el agotamiento de alternativas en el gobierno. Ni el camino de Lerner, ni el de Valdés, sino todo lo contrario. Es decir la confusión total. ¿Cómo no va eso a acelerar la conflictividad social y hacer que cada lucha que comienza sea más recia que la anterior?


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista