Las FARC del tiempo

El tiempo es un francotirador peor que el Chacal. Tú vas por la vida pensando en los almendros que alguna vez viste en España y el tiempo te dispara entre los ojos.

Por Diario La Primera | 23 jul 2008 |    

Crees que eres el mismo y el tiempo te acribilla.

No es que el tiempo pasa. Es que tú pasas por el tiempo, por su cámara oscura, por su laboratorio de ácido y humos, de óxido y redomas.

Y cuando sales de ese ámbito es que el tiempo ha hecho su trabajo y dio su veredicto. La sentencia siempre es la misma: habrás de recordar todo lo que sea posible.

Los jóvenes son tiempo comprimido. Los viejos son (somos) tiempo perdido.

Cuando tienes 40 crees que la máquina del universo se detiene y por un largo tiempo no escuchas la gotera del tiempo anegándote (negándote). Pero después te das cuenta de que estás caminando entre los charcos del goteo.

Plaj, plaj, suenan tus pasos en la inundación de las goteras.

El tiempo es la cámara lenta que te espera, la punzada de un recuerdo feliz, la neblina que ha empezado a quererte.

No somos tiempo que se ejerce ni dueños del presente. Somos víctimas del misterio del tiempo.

No, eso no es lo que quería decir: lo que quería decir es que estamos secuestrados por el tiempo. El tiempo tiene sus FARC, su Marulanda, su espesura en la noche. Y nosotros vivimos encadenados a sus vicios y sometidos a su crueldad sin rostro.

¿Sin rostro? Bueno, la cara del tiempo es la cara que vamos siendo.

La cosa más perversa que se ha dicho sobre este tema del tiempo y sus trabajos la dijo Stephen Leacock: “La única buena cosa que se puede decir sobre la vejez es que es mejor que estar muerto”.

Quizás en algo parecido haya pensado durante estas últimas horas el señor Felipe Tudela, a quien unos jueces corruptos del Perú y del Alto Perú han declarado minusválido mental.

Y todo para que su hijito Francisco Tudela, que se preocupa por su padre tanto como por el testamento en disputa, sea nombrado “curador provisional” de los bienes que el padre acumuló y que le ha dado la gana de compartir con su esposa.

¿Qué clase de hijo es este Francisco Tudela?

Bueno, basta recordarlo como sobón de Fujimori, como alfombra de Fujimori, como recadero internacional de Fujimori, como encubridor de Fujimori y como pésimo danzante ventral y descaderado de “El baile del chino” para imaginar qué clase de hijo es este Francisco Tudela.

Alguien dijo que los padres son los huesos en que los hijos afilan sus dientes. Bueno, mi experiencia personal me dice que este lobezno del fujimorismo también tiene incisivos poderosos.

Lo que demuestra que los jueces en Bolivia están baratos y que en el Perú la judicatura heredera de Alejandro Rodríguez Medrano está actuando como si no se la hubiese fumigado –y de hecho: tras la limpieza ordenada por Paniagua, los señores Toledo y Alan García, en ese orden, se han encargado de que los juzgados hayan vuelto a ser, en muchos casos, covachas y madrigueras–.

Con el señor Ghersi como guardaespaldas, don Francisco Tudela se la ha pasado amenazando a todo el que osase decir algo que lo contradiga. Hasta se atrevió a enjuiciar por difamación a un psicoanalista que le dijo, freudianamente, “parricida”. Por supuesto que el psicoanalista tuvo que ir, previa transfusión de “Rivotril”, donde el psiquiatra de guardia por el puro terror que lo poseyó, con lo que se demuestra que esa mala costumbre de irse de las batallas es una limeñada hereditaria.

Y es que don Francisco Tudela es bien valiente porque sabe que la caracha moral que él ayudó a fomentar (hablo de la caracha del fujimorismo, claro) pica en el poder judicial y arde en los bufetes y se rasca con el filo de una chequera almidonada. Por eso es bien valiente este hijito de papá que va a terminar matando a su papi de tanto disgusto.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista