Las difíciles tareas durante las vacas flacas (I)

En el Coloquio “Hacia un Acuerdo Energético”, realizado por el CIP el pasado diciembre, se trató cuatro temas: Los recursos con que contamos, la proyección de las empresas estatales, la seguridad energética y el planeamiento y la política energética.

| 14 enero 2009 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores |869 Lecturas
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Entre 1968 y 1990 la actividad empresarial en el sector energía estuvo reservada al Estado. Petroperú y Electroperú nacieron en base a entes estatales existentes o estatizados. Entre 1991 y 2008 se dio el proceso inverso: el Estado vendió sus activos; no pudo completar el proceso ante una creciente oposición a la privatización, especialmente en el sur del Perú. Subsistieron, recortadas y sin poder efectuar nuevas inversiones Petroperú, Perúpetro y Electroperú, además de generadoras y distribuidoras eléctricas.

El período 1991-2008 es suficientemente largo como para juzgar sus logros frente a los objetivos y metas trazadas. En hidrocarburos, entre 1968 y 1990 se encontró petróleo en la selva norte y se halló Camisea. Se construyó el Oleoducto Nor Peruano (ONP) y se explotó los yacimientos encontrados en la Selva Norte. El período se inició como importador neto; el Perú logró volver a ser exportador de petróleo, situación que perdió iniciando los años 90, atribuida a que no se pudo conseguir el capital de riesgo suficiente para encontrar nuevas reservas. La meta futura fue atraer capitales y retornar a la condición de exportadores.

En lo eléctrico, en 1968 se heredó de la empresa privada las hidroeléctricas del Rímac y del Santa Eulalia (actualmente Edegel), las pequeñas hidroeléctricas de Seal (hoy Egasa, que se desprendió de aquella) y los grupos térmicos de las principales ciudades (Lima, Piura, Chiclayo, Huancayo,…); del Estado, las hidroeléctricas de Cañón del Pato y Machu Picchu, así como los grupos térmicos con que SEN (Servicios Eléctricos Nacionales) que servía varias ciudades; la hidroeléctrica del Mantaro ya había iniciado su construcción, a través de Corman (Corporación del Mantaro); sobre ésta se apoyó la naciente Electroperú.

Electroperú construyó y operó las hidroeléctricas del Mantaro y Restitución, Carhuaquero, Machu Picchu II y Charcani V, así como el SICN (Sistema Interconectado Centro Norte, hoy como sistema nacional convertido en SEIN) y varias centrales termoeléctricas grandes y medianas (Chimbote, Trujillo, Chiclayo, Piura, Tumbes, Huancayo, Arequipa, Cusco, Puno, Iquitos, Pucallpa, …); amplió la Frontera Eléctrica (electrificación rural); dejó una cartera de proyectos, con estudios de factibilidad en base al potencial hidroeléctrico (Proyectos hidroeléctricas posteriormente construidos o que están actualmente en concesión); anualmente emitía un Plan Maestro que señalaba su plan de obras a largo plazo en generación, transmisión y distribución.

Al cierre del período – año 1990 – al igual que Petroperú y que las carreteras, la infraestructura de Electroperú estaba en estado crítico, sufriendo el continuo sabotaje a sus torres de transmisión por el terrorismo, a lo que se sumó la carencia de recursos para el mantenimiento, debido al manejo político de los precios de la energía (electricidad y derivados del petróleo). Un valioso activo dejado por Petroperú y Electroperú fue sus excelentes cuadros profesionales y técnicos.

Perúpetro está vinculada al “Upstream”, o sea la exploración y explotación de hidrocarburos. Entrega lotes en concesión (exploración) y administra por parte del Estado aquellos que están en explotación. Efectúa una función que el Estado no puede transferir. Se discute su eficiencia y eficacia en la promoción de la exploración; en particular el excesivo tamaño de los lotes que entrega. Mide su eficiencia por el número de lotes que entrega. Este número es también indicador del número de potenciales petroaudios. Es hora que mida su eficacia por la cantidad de nuevos hidrocarburos encontrados.

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Carlos Herrera Descalzi

Carlos Herrera Descalzi

Opinión

Columnista