Las ciudades enemigas de los niños ¿son educadoras?

Según el Informe de Unicef Estado Mundial de la Infancia 2012: Niñas y Niños en un Mundo Urbano, casi la mitad de los niños y niñas viven ya en entornos urbanos.

| 19 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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¿Viven bien? Algunas cifras preocupantes: 340,000 niños de Lima están en situación de pobreza; el 43% de personas desaparecidas en Lima son menores de edad (2008); en el 2010 se dieron 253 casos de víctimas de trata de personas, en su mayoría menores de edad, y cerca de la mitad en Lima. Caminar por las calles de día se ha vuelto cada vez más peligroso: el 2010, 43% de personas en Lima han sido víctimas de la delincuencia o violencia; el 26% de personas afectadas por violencia familiar y sexual el 2010 son niños, niñas y adolescentes (Unicef, Lima Cómo Vamos, Ciudad Nuestra, Defensoría).

Los niños y niñas no están seguros en su casa ni en la calle. Lima, la capital de un país que crece económicamente 6.9% anualmente no es segura para los niños. ¿Cuál es la relación entre crecimiento económico y bienestar? De hecho no es automática ni unívoca cuando constatamos con Unicef que nuestras ciudades “se están volviendo enemigas de la infancia”, e incluso la arrastran al lado perverso de su “desarrollo”: los niños se unen a pandillas cuando tienen alrededor de 13 años y en Lima hay 410 pandillas, algunas con niños desde 8 años de edad.

Ya sean objeto de violencia, participantes o testigos, los niños y niñas de nuestras ciudades están sumergidos en una cultura creciente de violación de las leyes y derechos humanos. El 70% de las personas que viven en Lima se siente insegura y el 72% no confía o confía poco en sus vecinos. Uno de cada cuatro habitantes de Lima piensa que para acelerar los trámites en una municipalidad a veces se justifica pagar una pequeña coima (Lima Cómo Vamos).

El crecimiento no es suficiente si no trae consigo equidad, señala también el informe de Unicef, pues la desigualdad se encadena fácilmente a la violencia: “las sociedades con una mayor falta de equidad tienen más posibilidades de sufrir tasas más altas de delincuencia, de violencia”. Pero además, ¿qué sentido tiene el crecimiento económico si no evita la destrucción de las relaciones entre las personas? La convivencia y confianza, dimensiones centrales de la civilización, están en juego. Así llegamos a la educación, cuya tarea no está en una burbuja, pues es difícil enseñar respeto o solidaridad si los niños son víctimas o testigos cotidianos de la delincuencia y la corrupción. Hace rato que los muros de las escuelas aparecen obsoletos y es imperativo pensar en una educación que abarque otros espacios y se enlace con la cultura.

La tarea de mejorar la educación solo es posible si nos proponemos mejorar las ciudades como entornos de vida y aprendizaje. Hoy en día se habla de ciudades educadoras para expresar este reto, entendidas como ciudades donde se aprende en todas partes, ciudades lectoras, cultas, limpias, acogedoras. Pues bien, las ciudades que merezcan este estatus serán aquellas que empiecen por acoger y priorizar a sus niños y niñas. Una ciudad educadora será aquella donde un niño pequeño pueda andar solo sin peligro.


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Teresa Tovar Samanez

A ojo de buen cubero