Las casonas

Mientras en algunos distritos modernos se levantan edificios como cubos, cuyos departamentos parecen cajoncitos de cartón, en los distritos antiguos, de aquella Lima virreinal, las casonas, los solares, como El Buque, se vienen abajo.

| 05 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 566 Lecturas
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El tiempo, la quincha, el barro, la humedad, de nuevo el tiempo, el agua, la lluvia, la falta de cuidado, se tumban a los solares como El Buque, y no será el último.

En Barranco, me dijo un amigo, hay solares que no se pueden tocar por prohibiciones del Instituto Nacional de Cultura, pero, ojo, los interesados en vender esos terrenos mojan de noche las bases a escondidas para que las casonas se caigan y el Estado no pueda decir nada. De todo hay en esta Lima, que odia la historia.

Las casonas limeñas, los solares, las quintas, son los guardianes de los pasos de esta Lima que ahora es crisol de todas las sangres y que crece de manera desordenada; y los arquitectos no se indignan. La Lima de aquellos tiempos, en que las casonas brillaban, era una ciudad con la nariz apuntando hacia arriba, que choleaba en voz alta y maltrataba con palos a los indios, que en sus tierras se sentían extranjeros.

Las casonas de Lima se han comido a las décadas, casi a los siglos. Las casonas representan la decadencia de esa Lima que miraba hacia fuera y vivía de espalda a los Andes.

Cuando uno camina por las calles de Lima, a veces, parece que está en el museo con una casona que te mira desde el pasado, con el aire de tiempos viejos, con la historia sin escribir. Lima es una ciudad museo de América Latina, es la ciudad ciruela, centro de todo, que todos quieren dominar.


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