Las calderas del infierno

El ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, estalló de felicidad cuando conoció la muerte del guerrillero Marulanda. “Está en el infierno”, comentó después de asistir a misa, comulgar y rezar el Padrenuestro. Este aspirante a la presidencia de Colombia, y por lo tanto rival de Uribe, pertenece a la familia propietaria de El Tiempo, diario derechista de Bogotá, y es primo hermano de Francisco Santos, vicepresidente de ese país.

| 08 junio 2008 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 586 Lecturas
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A diferencia de Uribe, no se le conocen vínculos con el narcotráfico. Es, sin embargo, hermano gemelo de George Bush en el delicioso manjar de la ideología. Un convencido de que todos los revolucionarios debemos marcharnos – junto con Marulanda – a las ollas más ardientes del infierno. Uribe es un caballero a su lado. Este arquetipo del Opus Dei es el artífice del paramilitarismo ideológico, mientras aquel lo es del paramilitarismo militar. El presidente sueña con planes para liquidar a los guerrilleros, el ministro los envía al infierno. Ninguno de los dos hace propósito de enmienda.

Raúl Reyes estaba creando condiciones para liberar a Ingrid Betancourt y los otros rehenes civiles de las FARC. Semejante proyecto aterrorizó a Uribe y puso en alerta máxima al ministro Santos. Con ayuda de técnicas sofisticadas y de bombas teledirigidas pulverizaron a Reyes, cuya larga permanencia en territorio ecuatoriano tenía como misión facilitar los contactos para la liberación de los rehenes. Reyes no tenía tropas a su mando, sólo un reducido número de hombres – treinta y cinco, creo – como escolta personal.

Según supe de buena fuente, la muerte de Raúl Reyes no habría sido ajena a la deserción de una comandante de las FARC quien, por imprudencia, habría facilitado la infiltración de un agente del ejército en las cercanías del jefe de Relaciones Internacionales. Al parecer, frente a la perspectiva de ser juzgada por un tribunal guerrillero, ella prefirió entregarse al ejército. La liquidación de Raúl Reyes frustró la liberación de los rehenes. Deseo recordar las palabras de la madre de Ingrid Betancourt: “Mi hija pasaría de la selva a la presidencia: Uribe la prefiere muerta”.

Yo vuelvo a insistir: las FARC deberían liberar sin condiciones y al menor plazo posible a los rehenes. Sería el primer paso para la paz definitiva en Colombia. Es decir: la culminación de un sueño cada día más universal.

No es fácil para un guerrillero sentarse a negociar. Por el ejercicio mismo de la contienda al combatiente lo acompaña, junto al fusil y la mochila, la desconfianza, el temor al engaño, a la trampa, a la traición.

Sobre todo en un país donde los protagonistas más interesados en prolongar el conflicto son el gobierno y el ejército. Se intentará demostrar, con ese fin, que las FARC no están interesadas en la paz. Por eso mismo, es mi opinión, los guerrilleros colombianos deberían tomar iniciativas de distintos colores y tamaños para hacer evidente su deseo de pacificación. Nadie lo entendería como debilidad. Aunque, lo entiendo, es importante seleccionar el momento.

La oportunidad vale. Abrir, sin embargo, las posibilidades de una democracia participativa – tal vez es mejor calificarla como una democracia real – muy superior a la caricatura de hoy, donde predomina la codicia, la ambición, la muerte y la amenaza del infierno.


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Tomás Borge

Opinión

Embajador de la República de Nicaragua