Las arterias de la ciudad

Leemos en los periódicos: en tal arteria de la capital ha ocurrido tal cosa. Reparen lectores que la palabra en negrita no es metáfora, es una nominación precisa de una parte de la movilidad urbana. Es que la ciudad es un organismo, se provee de arterias, venas y vasos para llevar a destino a personas, bienes y servicios. Si una de estas vías se obstruye por cualquier motivo, podemos decir, con pertinencia científica, que la ciudad ha sufrido un infarto.

| 17 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 846 Lecturas
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Si el objetivo de la movilidad urbana es llevar en tiempos razonables y de manera cómoda a su destino a la gente, coincidirán conmigo que, para este propósito, ningún interés particular es superior.

Vienen a colación estas ideas en relación al apoyo que debemos brindar al Municipio Metropolitano en sus planes de mejorar la movilidad urbana en la capital.

Cabe una pregunta: ¿por qué hemos llegado a esta situación de catástrofe en el transporte? ¿Qué ha pasado para que la Lima amable y cómoda de 1950 de tranvías, urbanitos y “colepatos”, se trasforme en la ciudad del tiempo perdido y la cólera?

Primero, hemos crecido al galope: Somos 9 millones de historias. Segundo, este crecimiento ha sido sustentado, en gran medida, con empleos informales. De ahí la miríada de ómnibus, combis, custers, taxis, moto taxis que han saturado la ciudad en busca de pasajeros. Tercero, las autoridades no han sido capaces de ordenar el caos; al contrario, en algunos casos se han avenido a alimentar intereses particulares, permitiendo el ingreso masivo de chatarra vehicular del primer mundo, liberalizando la concesión de rutas o francamente abdicando del control vehicular.

El camino de lo que se debe hacer está trazado: a) racionalizar procesalmente lo existente –es el objetivo que se ha planteado Susana Villarán- b) completar el Tren Eléctrico y el Metropolitano para que atiendan el eje este–oeste. Obviamente ambos proyectos deberán crecer coordinadamente. Lima es para siempre y de todos; Bedoya, García, Castañeda, Villarán serán hitos personales de su historia y nada más.

Ciertamente, el camino hacia una ciudad sana no es fácil. La inversión requerida, si es que mantenemos la tasa de crecimiento de la última década, no presenta dificultades; la ingeniería tampoco, la tenemos en casa, el problema es social. Aventuro una cifra: alrededor de un millón de personas depende directa e indirectamente del actual transporte. Su ineludible racionalización disminuirá por lo menos en 30% esta cifra. La cuestión es entonces ¿qué hacer para que esta población desplazada encuentre alternativas de subsistencia? La respuesta no está en el sector transporte. Así como el ajuste fujimorista condujo a la gente a migrar al transporte con la facilidad de autos y combis chatarra; la economía general de la ciudad, si es que se plantea inclusiva, deberá abrirles la puerta a empleos formales en otros sectores.


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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto