La visita de Ollanta

Prometo que después de hoy dejaré de ocuparme sobre mi persona y de mi enfermedad, pero no puedo evitar consignar en esta columna la significación que alcanza para alguien que está a punto de enfrentar una gran transformación interior por vía de una delicada operación quirúrgica, en la que está comprometida toda mi vida futura, encontrarse con un viejo y querido amigo capaz de darse un tiempo en sus recargadas funciones del poder para hacerme una visita.

Por Diario La Primera | 15 ago 2012 |    

Así es como sentí la presencia del presidente Humala en mi cuarto del Hospital Rebagliati a pocas horas de ingresar a la sala de operaciones del piso 12. El hecho de que nos hubiésemos distanciado por diferencias entre el rumbo actual del gobierno y los proyectos que nos unieron por muchos años, no disminuye sino acrecienta el valor del gesto humano entregado con completa gratuidad.

Es verdad que no solo hablamos de mis males y de la fortaleza que debo reunir para salir adelante, o de la distribución del tiempo entre las obligaciones del Mandatario y la atención a su familia, que en su caso comprende niños pequeños, sino que por la condición de ambos se atravesaron temas políticos.

Fue el Presidente el que habló de Conga, de lo que ha logrado arrancarle a una empresa dura como Yanacocha que ya se encuentra en construcción de dos reservorios en la zona de conflicto, y lo que él cree que serían las consecuencias de cancelar el proyecto que nos llevaría, según sus palabras, a una demanda ante el Ciadi por más de quinientos millones de dólares.

También se refirió a los motivos que tuvo para preferir los aviones surcoreanos, que ofrecían una opción de transferencia tecnológica frente a los tucanos brasileños. Yo le escuché y apenas hice algunas acotaciones sobre el contexto que rodeaban estos y otros hechos.

Ollanta tiene que haber comprendido que yo no estaba en condiciones de una mayor polémica y que además éste era, como dije al inicio, un encuentro de amigos en la antesala de una prueba vital. En todo caso este encuentro a altas horas de la noche concluyó en los mejores términos.

Tal vez la mejor lección de todo esto es que los políticos podemos ser personas difíciles e impredecibles, pero en el caso de aquellos que guardan un núcleo de humanidad, más allá de las pasiones, siempre cabe una esperanza.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista