La violencia toca tu puerta

Una pequeña de 10 años es herida en la cabeza por una bala perdida, durante una balacera en el Jr. Huamanga, en La Victoria. La niña quedó con signos de hemiplejia en el lado izquierdo del cuerpo. No, se equivoca, esto no sucedió ahora con lo de La Parada, sino hace 2 años, en mayo del 2010 (reporte del Diario El Comercio). Ocurre que lo que vimos en estos días en el Mercado Mayorista resucitó viejos fantasmas.

| 29 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 669 Lecturas
669

Somos un país que convive con la violencia hace mucho tiempo. La violencia política se instaló durante una década y tiene remanentes en el VRAEM junto a oscuros signos de narcotráfico. La inseguridad ciudadana es el problema central de Lima y otras ciudades donde una bala perdida entre tiroteos o peleas de pandilleros mata personas con cierta regularidad.

A veces para algunos limeños y peruanos pareciera que se tratara de algo lejano, que ocurre en ciertos hogares o ámbitos privados, aunque se vuelva una salvaje constante como los feminicidios, que últimamente se perpetran quemando vivas a las mujeres: joven secretaria se debate entre la vida y la muerte en el hospital Guillermo Almenara debido a las graves quemaduras que le causó en casi todo el cuerpo su novio, quien la empapó con gasolina y le prendió fuego en su casa de Chorrillos (2012). Escuchas, te escandalizas y luego cambias de canal.

Pero, no, se trata de un inquilino ya instalado y que al menor descuido se sale de control e incluso es utilizado y alentado por intereses subalternos. Esto pasó en La Parada. Los limeños se sintieron otra vez vulnerables. El temor a vivir en un país donde la legalidad se bambolea y los derechos son frágiles, apareció como fantasma y posibilidad, que puede posesionarse de una ciudad entera, de un distrito, una región, un territorio y ser usado por grupos no santos que pactan con la mafia.

Cuando esto ocurre, se resquebrajan las proyecciones de bienestar, se oscurece el futuro y se disuelven los planes de calidad de vida (¡en un país que crece macroeconómicamente!). Entonces te acostumbras a vivir con el inquilino, agarrando bien la cartera, trancando tu puerta, con pesadillas de vez en cuando, desconfiando siempre de todo y cerrando los ojos ante la coima o la inmoralidad del otro.

Contra esta oscuridad se levanta la respuesta a La Parada. Impedir el saqueo de nuestros sueños de ciudadanía, afirmar nuestro derecho a tener una ciudad que apuesta por erradicar la corrupción y la delincuencia, que reconstruye la confianza en sus instituciones, que aspira a ser una comunidad amable, educadora. El temor no educa: investigaciones en psicología y ciencias sociales demuestran que el miedo exacerbado impide el raciocinio, destruye la autoconfianza en sí mismo y la confianza en las instituciones: Nunca he denunciado por miedo a ninguna autoridad, no he puesto mi denuncia (Ayacucho).

No era posible por ello aceptar que siga la ley de la selva en La Parada y coexistir con ella como en Apartheid, para beneplácito de quienes con procesos en curso quieren socavar la tarea iniciada de reconstruir Lima como un lugar donde se puede vivir bien y donde aprendemos a respetarnos mutuamente.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

Teresa Tovar Samanez

A ojo de buen cubero

0.582894086838