La verdad que desapareció en el Colca

Si lo del Colca fue un plan premeditado de la joven Rosario Ponce para victimar y desaparecer a Ciro Castillo, como parecen creer las personas que le gritan asesina y los medios que alimentan el linchamiento, entonces debe haber sido algo muy cercano al crimen perfecto, sin móviles, cadáver, signos de violencia, proporción física entre presunta víctima y victimario, terceros implicados, etc. y con la ahora acusada, apareciendo herida y debilitada en una zona en la que pudo morir si no recibía ayuda a tiempo.

| 31 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.4k Lecturas
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Armar un escenario así para cumplir una designio mortal, requiere de una inteligencia superior y de muchos recursos que nadie ha visto ni de lejos.

Pero hay algo en lo que todo el mundo está de acuerdo: la chica Ponce ha hecho todo lo posible para levantar sospechas sobre sí o por lo menos para caerle antipática a la gente y construirse una opinión pública en contra.

Todos hablan de sus contradicciones e incoherencias, que no denotan inteligencia maquinadora sino inmadurez y una falta de sentido de la realidad que le impide entender lo que la perjudica.

La última fue decir que ya no quiere a Ciro por culpa de su familia, porque todos venimos con nuestra familia. Justo lo que quería cierta prensa para hacer nuevos titulares.

Insensible, canalla, le han respondido los medios que venden con este caso. Y puede ser que hasta esos adjetivos tengan sentido, pero no acreditan la sospecha criminal que pesa sobre ella.

No lo hace justamente porque lo obvio en la historia del Colca es que los enamorados se perdieron y uno de ellos no pudo seguir la marcha y el otro siguió la ruta tratando de encontrar ayuda.

Así es como se entendía el drama los dos primeros meses. Que la chica fuera encontrada viva era un milagro y probaba que mejor era esperar que seguir andando sin destino.

Para que esta clara imagen se dañara, hubo que esperar que Rosario Ponce empezara a negarse a declarar y regresar a la zona, y que el padre del desaparecido pasara a quejarse por la indiferencia e indolencia de su compañera.

Pero si debajo de un caso que no ofrecía dudas había un crimen oculto, planeado al detalle para no dejar huellas, ¿cómo se explica que la asesina cerebral termine autoincriminándose con actitudes infantiles, sonrisas inoportunas, declaraciones casi idiotas?

Que Rosario parece culpable porque aparenta no sufrir por su expareja ni es solidaria con los padecimientos de su familia, es casi lo mismo que anotar que la chica Bracamonte es soberbia y fría, lo que hace sospechar que no hubiera tenido escrúpulos para ordenar matar a su madre, o que Abencia es arrebatada y seguro que acabó con Alicia Delgado. Y así sucesivamente.

Lo trágico de todo esto es que se trata de personas que tienen el derecho de presunción de inocencia y contra las cuales no existen pruebas sólidas, salvo indicios fragmentados, pero sobre todo hay un test psicológico que parece indicar cómo le corresponde a actuar a una mujer y que cada una de estas “culpables” violó en su momento. Y por eso algunas de ellas han sufrido carcelería sin juicio por largos períodos.

No sé, por cierto, qué haría en la posición del papá de Ciro, cuya voluntad es admirable y encaja en muchas otras epopeyas de deudos familiares que se crecen en la desgracia que he conocido de cerca. Y no sé qué haría en el lugar de los padres de Rosario.

Lo que sí entiendo es que a los demás nos toca tratar de entender respetuosamente los profundos abismos del dolor humano y ayudar a que la herida cierre. Me temo que algunos colegas están apostando a que siga abierta.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista