La universidad: ¿Un programa de asistencia social?

La universidad la creó el mundo occidental para llevar la antorcha de la razón y el conocimiento; aquella que fue prendida por los Griegos, inseguros de caminar por los senderos de la vida guiados por mitos y presagios divinos. Su propósito es alumbrar áreas desconocidas donde suelen habitar nuevos conocimientos, no las ya transitadas; dicho de otra manera; la universidad no existe para inventar el agua tibia.

| 06 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
1918

El propósito primero de una universidad es la investigación, para eso y no para otra cosa se le da autonomía. Sin embargo, entre nosotros las universidades- que ya son más de 120, con la excepción de unas 10- solo se dedican a formar profesionales, es decir, operadores de procedimientos conocidos, muchas de ellos impertinentes a los retos particulares del Perú por geografía y cultura.

Una universidad que solo forma profesionales, no innova ni crea nuevos conocimientos y, por esa discapacidad, envejece atacada por la mediocridad, la copia y la dependencia.

Cierto que una nueva universidad se ve obligada al inicio a dedicarse sólo al antegrado, pero no debe borrar de su horizonte programático la meta de crear posgrados de verdad, antorchas que la conducirán al planeta del conocimiento.

Si inclusión es la palabra que designa y guía la acción del actual gobierno, es urgente para él definirlo operativamente. El Congresista Javier Diez Canseco, acertadamente sustenta que la inclusión es una dinámica transversal que trasciende al mero asistencialismo y debe mover todos los sectores. Cabe la pregunta entonces ¿Qué papel le toca jugar a la universidad en la dinámica de la inclusión?

Señalo enfáticamente que la universidad no es un programa de asistencia social. Es uno cualitativamente distinto. Es un programa de desarrollo científico que podría crear conocimientos para mejor hacer la inclusión social. La universidad peruana en el antegrado, para los que no están enterados, alberga ya la desmesurada cifra de 700,000 estudiantes; 400,000 en privadas y 300,000 en públicas.

En las públicas la educación es gratuita, en ellas funcionan comedores universitarios gratuitos o fuertemente subsidiados y algunas alojan estudiantes en residencias gratuitas. Acceden a ellas estudiantes de ingresos económicos bajos y a las privadas estudiantes de altos y medios ingresos. Nadie puede argüir que en el Perú haya déficit de cobertura; al contrario, tenemos más universitarios de lo que el futuro más ambicioso demandaría.

Por lo anterior, pienso que la llamada Beca 18 que ha propuesto el gobierno, a la que se destinará 136 millones de soles el próximo año para beneficiar a 5,000 estudiantes de pregrado, podría tener un mejor destino. Pienso que, si de incluir se trata, mejor sería que se destinara parte de esos recursos para becas de posgrado, estudios que no son gratuitos ni en públicas ni en privadas; de esa manera, se incluiría a los graduados que carecen de recursos para estudiar en el posgrado, por ejemplo, nuevas ideas que permitan cerrar las brechas de la desigualdad.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | |


...

Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto