La tristeza de Valquiria

Valquiria es una jovencita de 20 años de edad que tiene la curiosa peculiaridad de escapar de la tristeza ayudando a la gente y en la medida que la gente a la que ayuda encuentra la felicidad ella vuelve a la tristeza.

| 06 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Es extraña. Nació en los arenales al sur de la ciudad y ahora, gracias a sus méritos académicos en el colegio secundario, estudia becada en una universidad particular una carrera que podría ser ajena a su temperamento. Estudia ingeniería industrial.

Casi no tiene amigos porque posee una rara belleza que de alguna manera causa miedo a los hombres inseguros de su edad y tiene un carácter agreste como una forma de coraza para ocultar su tristeza.

Cuando encuentra un niño pobre en la calle lo lleva a comer y le compra ropa y eso la hace feliz por un rato; pero cuando el niño empieza a sonreír gracias a su ayuda, ella vuelve a la tristeza. Le pasa casi lo mismo con las ancianas pobres que piden dinero en las esquinas.

Una tarde de una garúa tosca y fría de hace unas semanas, una anciana que había recibido su ayuda le dijo: “Me gusta su nombre Valquiria. Pero hay algo que no me agrada de usted. Ahora que me siento bien por su ayuda usted se pone así, tan triste, como si quisiera llorar”. “No es nada, madre”. “Ya deja de llorar, hija, porque en este momento tiro al piso esta chompa que me ha comprado”. “Está bien”.

Valquiria es consciente de su mal y ha visitado a un sinnúmero de especialistas con el fin de encontrar la cura; sin embargo consigue mayores problemas. Un psicólogo le dijo hace unos días: “En realidad no te entiendo, si dices que ayudas a la gente para escapar de la tristeza cómo vas a volver a ésta luego que la gente que ayudas está alegre”.

—Por eso estoy aquí, doctor.

—Bueno, yo no te entiendo, señorita. No me tomes el pelo.

Valquiria le tomaba el pelo a nadie. Es seria como una piedra, escapa de las bromas. Lo único de lo que no puede huir es de la tristeza. Es conciente de ello y por eso lee chistes, ve programas cómicos en la televisión .

Jamás ve telenovelas y por las tardes sale a la calle a buscar niños pobres y ancianas abandonadas. La felicidad de los niños y las viejitas la llena de una gran alegría efímera. Luego el corazón le da un vuelco y la maldita tristeza le apreta las entrañas trasladándola al panteón oscuro y solitario.

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