La transferencia y el caso Alexis

Si Ollanta finalmente cede en los puestos claves del premierato y el Ministerio de Economía, acabará el caso Alexis. Es decir si al perdedor le damos las llaves de la casa recuperaremos la confianza, las inversiones volverán, y la prensa canalla callará hasta la siguiente ola de ataque.

| 13 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Lo que no se logró con la movida de las bolsas de los primeros días, está volviendo con el tema del viaje a Rusia, que nadie puede demostrar que fue más allá de la aproximación diplomática y de la exploración de temas de interés comercial, pero que ya se ha convertido en el “afán del hermano de Humala por enriquecerse rápidamente” y en “ustedes qué pensaban que iba a hacer esta clase de gente”.

Pero como, a pesar de todas las idas y vueltas para explicar lo que ha pasado, Gana Perú sigue manteniendo la intención de controlar el MEF, como se vio en la conferencia de prensa sobre la transferencia del sector, la ofensiva va a seguir adelante mientras pueda. Aldo M ha escrito que hablar del frenazo que Benavides y García le impusieron a la economía los últimos meses es una maniobra para desviar el gran tema que es saber para qué fue a Rusia, Alexis Humala. Aunque podría ser exactamente al revés: que el desvío para velar el campo minado de la transferencia sea este debate sobre un crimen en el que no hay cadáver, donde se discute la presunción de que todo encuentro con empresarios extranjeros apunta a un proyecto corrupto, que es algo que habla más de lo que han sido las prácticas gubernamentales hasta ahora de lo que se sabe que pasó en Moscú.

Que el tour ruso de Alexis ha tenido una secuencia errática, no cabe ninguna duda: presentar una representación indebida; aceptar que un encuentro informal adquiera un rango de reunión de Estado; pretender ignorar la denuncia y dejar que se acreciente; no añadir a la suspensión precautoria una presunción de inocencia; dejar que flote lo de los negocios oscuros; etc.; todo eso ha dado una muestra de debilidad que no ha servido más que para agrandar el problema.

Y sigo pensando que esta es una consecuencia de una línea política que recomienda al presidente electo evitar el choque con sus enemigos políticos y mediáticos, creyendo que con los silencios o las declaraciones de investigación sobre su propio entorno va a calmar a la jauría reaccionaria. Nada que ver. Lo que pudo ser útil en la campaña para borrar la imagen de un Ollanta que venía a provocar un incendio, puede dar el resultado totalmente contrario cuando se trata de fijar el nuevo escenario en el que debe comenzar no solo un nuevo gobierno, sino una nueva época para los peruanos.

Al gobierno de Ollanta lo quieren debilitar por cuanto medio esté a disposición de la derecha revanchista. Y ya sabemos adonde apunta esto. Basta ver el caso de Villarán para darse cuenta como la ofensiva va contando sus diversas etapas hasta imponer una situación en la que no se puedan tomar decisiones. Por eso es preciso defender a Alexis de la acusación moral que flota maliciosamente en el ambiente y al mismo tiempo delimitar el gobierno de la relación familiar. A partir de allí hay que recordar adonde vamos y quién ganó las elecciones, que recién va a empezar a gobernar. El país espera una palabra.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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